EL FUTURO DEL SOCIALISMO VALENCIANO

Alarte pide un informe para intentar reabrir el debate sobre el cambio de nombre del PSPV

El líder socialista encarga a Organización que explore las vías para enterrar las actuales siglas sin llevar la decisión al próximo congreso de la formación

 10:32  
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Alarte saluda a Leire Pajín durante el congreso del PSPV celebrado el pasado mes de septiembre
Alarte saluda a Leire Pajín durante el congreso del PSPV celebrado el pasado mes de septiembre KAÏ FÖRSTERLING (EFE)

FRANCESC ARABÍ Jorge Alarte evitó por completo el debate ideológico en el congreso del PSPV. Dejó la batalla de las ideas a los partidarios de Ximo Puig y Francesc Romeu y el alcalde de Alaquàs se dedicó a sumar los votos necesarios para ganar. Ahora que ocupa el despacho de la secretaría general en la sede de la calle Blanqueries, sin embargo, el asunto ya le empieza a interesar. Alarte, que cumple mañana cien días desde su elección y que en febrero se enfrentará a su primer comité nacional, ha encargado a Organización que explore todas las vías estatutarias posibles para reabrir el debate sobre el cambio de nombre de la formación e intentar de nuevo enterrar las históricas siglas del PSPV.
Como se recordará, la cuestión ya se debatió en el congreso del pasado mes de septiembre. Entonces, la ponencia oficial, coordinada por Leire Pajín y Ángel Luna, ya incluía la propuesta de abandonar el nombre de Partit Socialista del País Valencià (PSPV) y sustituirlo por el de Partit Socialista de la Comunitat Valenciana (PSCV). Era el símbolo, apuntaba el documento, de la refundación del socialismo valenciano. El texto recibió una avalancha de enmiendas en contra y, finalmente, la iniciativa fue rechazada por una amplísima mayoría. Pese a la encendida defensa que hizo Luna de la cuestión, sólo obtuvo siete votos a favor por más de un centenar en contra. La dirección del PSPV, sin embargo, entiende que el debate de las siglas es esencial para empezar a forjar un nuevo proyecto liderado por Alarte. Consideran que, a pesar de que los militantes son partidarios de mantener las históricas siglas, es preciso ajustar el nombre al Estatuto de la Comunidad y que los valencianos perciban a los socialistas en igualdad de condiciones que al PP. Alarte es consciente de que, si espera al próximo congreso nacional del PSPV -previsto para 2012- es muy probable que la propuesta vuelva a ser rechazada por amplia mayoría. Pero el alcalde de Alaquàs quiere ir a los comicios de 2011 con un partido moldeado a su proyecto de cambio.
Por ello, el líder de los socialistas valencianos quiere sortear ese obstáculo. En este sentido, la secretaría de Organización ha recibido la orden de realizar un informe sobre las posibilidades que ofrecen los Estatutos de la formación para que la propuesta de cambiar el nombre se aborde lo antes posible. La única vía sería que la cuestión se llevara a una reunión del comité nacional, el máximo órgano del partido entre congresos en el que se agrupan los notables del socialismo valenciano. Ahí, todo lo indica así, Alarte sí podría disponer de un cierto margen numérico para sacar adelante la propuesta. El nombre de PSCV, que planteaba la ponencia del congreso, no parece que vaya a ser el elegido. La propuesta que gana enteros -es la única que podría generar consenso-, según la dirección, es la de Partit Socialista dels Valencians, al estilo del PSC catalán.

El pasado 28 de septiembre, Jorge Alarte ganó el XI congreso del PSPV, un partido que sufre anemia electoral crónica. Mañana cumple cien días en el cargo, tiempo que permite intuir los ejes de su gestión en el plano interno, en la calle y las instituciones.
La crisis se dibuja como escenario en el que deberá hacer carrera quien oposita a inquilino de un Palau que aún no ha visitado. El presidente Camps no se ha dignado a recibirlo en audiencia. El trato que le dispensa es una contribución a la estrategia de la nueva ejecutiva socialista de convertir a Camps en único blanco de sus críticas. Es, dice Alarte, un botón de muestra del autismo político de un presidente "agotado", como su modelo económico cimentado sobre la especulación del territorio y "paralizado ante la crisis". Al contrario que el Gobierno central, el Consell no "hace nada" en una Comunidad golpeada como pocas por el parón inmobiliario.
Así, los 864 millones destinados por el Plan Zapatero para obras en los municipios valencianos para crear 25.000 empleos están siendo divulgados en ayuntamientos, diputaciones y reuniones varias con alcaldes. Hasta tal punto, que el PP ha inaugurado una contraofensiva con el plan de 8.000 millones en inversiones en los próximos años anunciado por Camps en su discurso de fin de año. No diga Consell, diga Camps, es la consigna en el PSPV. Ni siquiera el nombre Font de Mora ha sido pronunciado una sola vez por el secretario general, quien siempre colgó al presidente la responsabilidad única de la ocurrencia de Educación para la Ciudadanía en inglés. Asunto éste que se convirtió en el segundo tema tratado cuando arrancó la política de calle de Alarte, quien exigió que la Alta Inspección del Estado tomara cartas para hacer cumplir la ley.
El tema que inauguró la acción política de Alarte fue el anuncio de que los socialistas valencianos llegarán hasta donde haga falta en la defensa del trasvase Tajo-Segura y contra la cláusula de caducidad en 2011 fijada en el proyecto de Estatuto de Castilla-La Mancha. Una forma de intentar romper dos ideas siamesas que han dañado el cartel del PSPV ante la opinión pública: la de un partido sumiso a Madrid y que perjudica los intereses valencianos. Contra esas "verdades" del imaginario colectivo, agitaron un asunto tan atávico como el agua, patrimonializado por el PP en su discurso valencianista.
En los dos primeros meses de mandato, Alarte se dedicó a controlar al detalle los congresos provinciales del PSPV que han levantado una nueva estructura del partido sobre los escombros de la histórica organización comarcal, liquidada por orden federal. El proceso ha evidenciado que la socia de Alarte para conformar la mayoría (la secretaria de organización del PSOE, Leire Pajín) controla Alicante, pero eso no es grave para él. A fin de cuentas, su destino cabalga paralelo al de quienes lo apadrinan desde Madrid y a favor de inercia de poder. La misma que ha ido diluyendo un bloque crítico que en el congreso de país pesaba un 48%.
La integración en una ejecutiva negociada fracasó a última hora en Valencia, con el veto de Alarte al crítico Francesc Romeu, aspirante a dirigir el partido en una ciudad en la que el líder del PSPV ha puesto en marcha una voladura controlada de la arquitectura de reparto del poder instaurada hace veinte años. Alarte quiere refundar el partido y ponerlo en manos de afines.

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