JUANJO GARCÍA GÓMEZ
Como en cualquier economía familiar, la crisis económica, agravada en la Comunitat por el hundimiento del sector del ladrillo, tendrá un impacto demoledor sobre la hacienda autonómica. La situación de la tesorería de la Generalitat a 30 de noviembre pasado -que el Consell hizo pública el 30 de diciembre- revela que a un mes de cerrar el ejercicio de 2008 el Gobierno de Camps había ingresado 779 millones menos que en el mismo periodo de 2007 por impuestos indirectos. Este capítulo engloba sustancialmente los tributos que afectan al consumo (IVA, impuestos especiales) y a la vivienda (IVA, en el caso de pisos nuevos y transmisiones patrimoniales, en los inmuebles usados, así como actos jurídicos documentados).
Por más que en los discursos se manifieste otra cosa, la Generalitat no esperaba el batacazo económico, ya que en el presupuesto de 2008 la previsión de ingresos por impuestos indirectos asciende a 6.113 millones, una cifra que ya suponía un importante aumento respecto a 2007, 5.846 millones. Sin embargo, y aunque el último mes, el del cierre del ejercicio, se produce un importante empujón en los gastos y en los ingresos, no parece que con los 4.506 millones ingresados hasta el 30 de noviembre por el citado concepto el Consell vaya a cumplir la previsión de las cuentas. A 30 de noviembre de 2007, en la cresta de la ola del auge inmobiliario, el Ejecutivo ya había metido en caja 5.285 millones por la imposición indirecta. Un año después, la Generalitat lleva ingresados 779 millones menos.
La factura definitiva que la crisis económica y del ladrillo tendrá para las arcas autonómicas sólo se conocerá al cierre de 2008. Con todo, cabe esperar que sea incluso algo mayor, ya que a lo largo del año ha tenido un recorrido ascendente. Por ejemplo, a 30 de agosto, la caída por este ingreso respecto a 2007 era de 600 millones. Los 779 millones acumulados a 30 de noviembre casi equivalen a los 864 del plan local de Zapatero, el maná de la inversión que ha arreglado las cuentas en muchos municipios.
Déficit presupuestario
El agujero en las previsiones se salva en el cómputo global de la Generalitat, sorprendentemente, por la evolución de los impuestos directos, que incluyen IRPF e impuestos sobre el capital (básicamente, el de patrimonio, cuya eliminación había iniciado el Consell hasta que le sorprendió el anuncio del Gobierno de que lo suprimirá). A un mes de acabar el año, el Ejecutivo había ingresado por impuestos directos 2.945 millones, nada menos que un 37,8% más que la caja hecha a la misma fecha de 2007, 2.136 millones. La recaudación ya supera el presupuesto de 2008, que era de 2.621 millones de euros. El dato resulta paradójico ante la situación de crisis, salvo que haya habido decisiones de la Administración central que hayan ampliado la caja.
Mientras los gastos de personal se han disparado (un 9,1% más que en 2007), los de funcionamiento se han contenido, con un incremento del 2,6%. El recorte inversor para poder cuadrar las cuentas ha supuesto que la inversión a 30 de noviembre caiga de los 650 millones en 2007 a los 588 el año pasado, un 9,5% menos. El déficit presupuestario (la diferencia entre los pagos y cobros de operaciones incluidas en el presupuesto) es de 105 millones, una cifra, con todo, positiva, ya que a un mes de acabar 2007 era de 357 millones, 477 millones en noviembre de 2006.