C. PASCUAL
Junto al campo de fútbol de Villafranqueza y a la espalda de las instalaciones de Tiro Olímpicas, en un antiguo criadero de cerdos. Ahí malviven desde hace unos meses cinco adultos indigentes: tres rumanos, un francés y un español. Uno de ellos es Ioan Daniel Zlotariu, rumano de 46 años, que llegó a Alicante hace 3 años, animado por su hermano. "Vine con mi mujer porque en Rumanía apenas hay trabajo, y si tienes un empleo, el dinero no supera los 100 euros al mes", explica Daniel.
Ahora, ya en Alicante, el día a día poco ha cambiado. En su país trabajó de todo: como electricista, pintor, mecánico... Aquí busca, "pero sin suerte". Todavía no cuenta con permiso de trabajo, y hasta la fecha no ha encontrado a ningún empresario que "se arriesgue". Sólo ha trabajado esporádicamente en alguna mudanza, pero su ánimo no decae. Incluso, con la llegada del nuevo año, su esperanza revive. "Me han dicho en Extranjería que a partir de enero tendré permiso de trabajo, y espero que mi situación mejore, pueda encontrar trabajo y pagar un alquiler". En la actualidad, pocas ayudas recibe, sólo de una parroquia. "Me tratan muy bien en una iglesia cercana a la Plaza de Toros. Cada domingo, consigo alimentos para toda la semana". De los Servicios Sociales, sólo obtiene promesas de futuro, "que poco valen", según Daniel. "No me ofrecen nada, sólo me han prometido que cuando firme un contrato, me pagan parte del alquiler durante nueve meses... Pero entonces, cuanto tenga dinero, ya no necesitaré su ayuda. Ahora es cuando necesito una mano amiga".
El aseo personal es otra rutina a la que no falta. El agua la coge del campo de fútbol que el Alicante tiene en Villafranqueza. "Nos permiten llenar algunas garrafas, pero no queremos abusar", explica Ioan Daniel. En su "habitación" no faltan los detalles. Ordenada al máximo, dispone de un sofá donde duerme, dos mesas, una estantería y una silla. "Éstas son todas mis pertenencias", dice con una media sonrisa dibujada en sus labios. La baja temperatura la combate con mantas y con una cortina que le aísla mínimamente del exterior, "algo es algo", explica.
Pero la preocupación de Ioan Daniel va más allá. Hace cinco meses, su pareja le abandonó y, como despedida, quemó la tienda de campaña que compartían. Entre las pertenencias que salvó, están algunos documentos de su mujer, "sin los que no debe vivir", por lo que intenta devolvérselos.
En Villafranqueza, en estas fechas, lo peor es el frío, relata Ioan Daniel. La Navidad para ellos es secundario. Aún así, a la entrada de la antigua pocilga, ahora vivienda de cinco indigentes, se puede ver un árbol decorado para la ocasión. Daniel mantiene también un mínimo espíritu festivo, gracias a varias guirnaldas que decoran su habitación y aportan un cierto aire navideño a un espacio triste, frío, oscuro y desangelado.