F. J. BENITO
La crisis que sacude la construcción desde comienzos de año, la progresiva pérdida de mercado y líneas marítimas -desde noviembre no existe ningún enlace con Baleares tras la marcha del Grupo Boluda- por el empuje de Valencia, y la paralización de la gestión comercial en los últimos meses, han terminado por hundir al Puerto de Alicante en el furgón de cola de los puertos españoles. En estos momentos y según los datos de Puertos del Estado, el descenso del tráfico portuario ronda el 25% en los nueve primeros meses del año; 730.000 toneladas menos que en el mismo periodo de 2007 y un total de 236 barcos que han dejado de atracar en los muelles. La recesión del ladrillo ha afectado pero también ha descendido, incluso, el número de cruceros.
Mientras Alicante languidece con unas 2,3 millones de toneladas movidas hasta el pasado septiembre -último dato oficial-, el vecino de Valencia no sólo no nota la recesión sino que su tráfico ha crecido un 12,5% tras mover 45 millones de toneladas entre enero y septiembre, según la estadística. Falta por cerrar el último trimestre del año e incluso el anterior equipo directivo del Puerto confiaba en obtener beneficios pese al descenso del tráfico, pero la situación comienza a ser dramática. Alicante sólo supera en estos momentos en movimiento de mercancías a los puertos de Motril, Villagarcía de Arosa, Marín, Ceuta y Melilla, siendo el sexto peor de los 28 que integran la red de Puertos del Estado.
Los últimos datos son significativos: descenso del 15% en la mercancía general; 20% en buques; un 12% menos en contenedores y, entre otros, un 32% menos en el movimiento de graneles sólidos -cemento y clinker-.
La situación no tiene visos de mejora a medio plazo y el ambiente entre los trabajadores es cada día más tenso. En lo que va de año unos 80 operarios se han ido al paro y la Asociación de Trabajadores Dependientes de la Actividad del Puerto de Alicante estima que en 2009 la cifra de despidos puede alcanzar los 300 del total de 1.700 empleos directos que genera la actividad portuaria en Alicante. El fiasco de la construcción de una planta para fabricar biodiésel y, sobre todo, la desaparición de la línea con Baleares han significado golpes letales este año. Trasmediterránea ha suspendido el barco semanal con Argelia e incluso hay malestar en la otra naviera por unas tasas económicas que tiene que abonar por utilizar la terminal marítima de poniente. El proyecto para construir una nueva zona lúdica aprovechando la nueva dársena pesquera fue un fracaso y nadie tiene muy claro en qué terminará convirtiéndose la zona ganada para el ocio con motivo de la Volvo Ócean Race o si al final se construirá la nueva marina deportiva para yates de lujo.
La idea trasladada por el Consell al presidente, Miguel Campoy, es que potencie la actividad y que cambie muchos de los quistes organizativos y comerciales que lastran el día a día portuario y que, según la impresión de Valencia, se han acrecentado coincidiendo con la crisis económica. De momento, Campoy ha elegido como jefe de gabinete a un reconocido publicista e íntimo amigo y se ha dado tres meses para ponerse al día.