MISIÓN EN EL EXTERIOR

Ejercicio de profesionalidad

Las tropas que regresaron ayer de Afganistán tras el atentado que costó la vida a dos compañeros asumen el hecho como parte de su trabajo

 
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ANA AITANA FERNÁNDEZ Ya están aquí sanos y salvos", afirma aliviada una de las tantas madres que ayer esperaba a los últimos soldados de la Brigada de paracaidistas procedentes de Afganistán. En el aeropuerto de El Altet, donde los cerca de cien militares aterrizaron, ya están acostumbrados a recibir a las tropas españolas. El de ayer era el tercer contingente que volvía a casa procedente del país asiático. Sin embargo, era el primero tras el atentado suicida que hacía cinco días había acabado con la vida de dos de sus compañeros. La mayoría de los recién llegados pertenece a la base de Javalí Nuevo, en Murcia; el resto, de Madrid y Sevilla. Estos "paracas" -como se les conoce- han pasado cuatro intensos meses en un territorio demasiado alejado de sus hogares, en un escenario en constante peligro. A pesar del duro golpe de los talibanes el pasado domingo, los últimos días los han vivido con la misma tensión que han venido soportando. "Nos afecta más el ánimo porque son compañeros que hemos dejado allí, pero este trabajo es así. Esa tensión la vivimos a diario en una zona como ésa", comenta uno de los jóvenes paracaidistas que fuma ya relajado a las puertas de la Terminal 2. "Nunca vives tranquilo", añade otro compañero de origen sudamericano, feliz porque ahora empieza las vacaciones. Ellos ya han aprendido a recibir golpes como ésos, "es la profesión que hemos elegido".
Sin embargo, sus familias nunca terminan de asumir esos riesgos. Sucesos como el del pasado domingo les han hecho sentir con más intensidad el regreso de sus seres queridos. Las dos horas de espera en la zona de llegada de la T2 estuvieron cargadas de una mezcla de alegría, nervios y, sobre todo, mucha emoción. Alrededor de doscientas personas, padres, madres, hijos, primos o amigos se afanan por ser los primeros que los militares vean. Todavía conservan el miedo en el cuerpo, los mismos sentimientos que se cruzaron en sus cabezas cuando se enteraron del atentado. Para Inmaculada, madre de uno de los soldados, el momento fue horrible: "Lo pasé fatal porque mi hijo se llama Rubén, igual que uno de los fallecidos [el cabo primero, Rubén Alonso] y estuvimos más de una hora sin saber nada, hasta que nos llamó". Ella y su marido han hecho un largo viaje desde Ceuta para abrazar de nuevo a su hijo, de tan solo 22 años, y no dejarlo escapar. "Esta vez no lo suelto", asegura Inmaculada, que incluso ha traído su mascota. La misma historia se sucede en diferentes lugares de España. En Orihuela la familia del cabo primero Adolfo Riquelme recibió la noticia por los informativos y de la misma forma descartaron los peores pensamientos. "Hasta que no vimos los nombres de los fallecidos en el telediario no supimos que no era él", relataba ayer su hermana, esforzándose por contener las lágrimas.
Treinta minutos después de la hora prevista el avión de la compañía Air Europa que lleva a los esperados pasajeros toma tierra. Todavía pasaría una hora hasta que el contingente pudo por fin reencontrarse con sus seres queridos. Sólo una puerta y unos metros les separaban. Cámaras de fotos preparadas, gritos contenidos y mucha alegría. Tras las pancartas "Machote ya estás en casa" y "Bienvenido Edu. Te queremos" la familia de este cabo primero está eufórica. Del tercer regalo se ha encargado su hijo, un dibujo que el pequeño de seis años aprieta fuerte como si se tratara del objeto más valioso. El héroe al que esperan tenía que haber regresado el sábado pero imprevistos de última hora le obligaron a quedarse en tierra. El atentado puso a todos en vilo. "Piensas que a él no le tocaba estar ahí y encima durante toda la semana de lo único que hablaban era de Afganistán", sostiene su primo. Y tras el paréntesis, añade satisfecho: "Pero bueno, ya está aquí".
Poco antes de las siete y media la locura se desata. El centenar de efectivos de la Brigada paracaidista aparece por la puerta de llegada, satisfechos por el regreso, aunque sin olvidar a los compañeros que dejaron atrás.

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