P. R. F.
En su primera confrontación como alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo logró un apreciable avance para intentar controlar la asamblea local del PP en la capital. Se quedó a tant sólo 28 votos de dar la vuelta a la tortilla. Pero, en todo caso, fue un crecimiento insuficiente a pesar de que el equipo de la primera edil y el «aparato» municipal se volcó en la votación. Sonia Castedo sabía que el resultado que se produjera en la asamblea de Alicante iba a ser interpretado como una victoria o una derrota suya, máxime cuando la alcaldesa se ha hecho hasta dos fotos en apoyo de la candidatura de Manuel Pérez Fenoll a la presidencia provincial del PP.
Conocedora de esa situación, la mayoría del equipo de gobierno de Castedo figuraba en la lista de compromisarios adscritos a Fenoll. Y casi todos también estaban a las puertas de la sede provincial del PP para saludar a gente, entregar papeletas y llevar a militantes hasta la urna de votación. Hasta la propia alcaldesa se dejó ver en los bajos de la sede popular en los que, los voluntarios de la lista de Fenoll, dejaban claro a los militantes «que ésta es la lista de la alcaldesa».
El presidente de la Diputación también desplegó todas sus fuerzas para hacer frente, como alguno de sus colaboradores apuntó, «a todo el aparato del ayuntamiento, de Valencia y de Madrid». Con pegatinas que llevaban el lema «Ripoll presidente», los miembros de su candidatura repartían papeletas a diestro y siniestro. En ese momento ya eran sabedores de que el resultado estaba ajustado y de que podía depender de un puñado de papeletas. El propio presidente de la Diputación, en la calle, junto a la entrada de la sede, no paraba de saludar a militantes del PP que se acercaban a votar. Ripol sabía que la victoria en Alicante era clave no sólo por el valor de los 86 compromisarios en juego sino porque perder la capital le hubiera supuesto un goteo interminable de fugas.