SYLVIA ESCRIBANO
La calidad del semen alicantino está a la cola de Europa, pero con él se consiguen más embarazos en las técnicas de reproducción asistida. La clave puede estar en un menor nivel de estrés, como revela un estudio dirigido por el Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI) de Alicante junto con el de Valencia en el que se comparan 12.000 muestras de varones de 13 países (España -mayoritariamente de la Comunidad Valenciana-, Alemania, Bélgica, Dinamarca, Francia, Holanda, Irlanda, Italia, Noruega, Portugal, Reino Unido, Suecia y Turquía).
Los hombres del estudio acudieron a estas dos clínicas junto con sus parejas, quienes tenían problemas de fertilidad, para someterse a tratamientos de reproducción asistida utilizando óvulos de donantes sanas, por lo que el éxito o el fracaso en el embarazo residía en su esperma, como explica la directora del estudio y responsable de andrología del IVI Alicante, Elena Sellés.
Al analizar el semen de los alicantinos y valencianos -como representantes de la muestra española-, los resultados fueron desalentadores. En los principales parámetros que miden la calidad del semen (volumen, concentración y movilidad de los espermatozoides) estaban a la cola de los países examinados.
En cuanto a la concentración -principal parámetro para medir la calidad- el semen español se encuentra en el puesto número once, sólo por delante del de Bélgica y Turquía. Por contra, los suecos y noruegos encabezaban la lista con mejores resultados de calidad.
«Aunque no se puede establecer una causa-efecto directa, si sabemos que en Noruega y Suecia tienen unos buenos hábitos dietéticos y consumen menos alcohol y tabaco, mientras en Bélgica hay más contaminación industrial», argumenta la doctora Selles para poder explicar estos resultados.
Sin embargo, al practicar la fecundación in vitro (FIV) -con los óvulos de donantes fecundados con el semen de los participantes en el estudio antes de implantar el embrión en el útero de sus parejas- se invierten los puestos. España se encuentra a la cabeza, junto con Portugal, en la tasa de gestación. En otras palabras, un 40% de las parejas españolas sometidas a esta técnica de reproducción asistida lograba el embarazo al primer intento. Este porcentaje casi duplica al obtenido por los suecos que, pese a estar los primeros en calidad seminal, se encuentran los últimos en cuanto a esta tasa de éxito.
Cobra fuerza el refrán que asegura que «los últimos serán los primeros», pero este resultado desconcertó a los investigadores. «Recurrimos al Instituto Europeo de Estadísticas y allí encontramos una posible explicación: el estrés», afirma Sellés.
«Aquí hay menos nivel de estrés que en Suecia y pensamos que es un factor que puede afectar al ADN del semen, que es algo que habría que analizar además de los parámetros habituales de calidad», explica. Es la principal relación causa-efecto con la que concluye este estudio, pero «se necesitan futuras investigaciones para alcanzar conclusiones más firmes, pues no hay que olvidar que pueden influir múltiples factores».
El estudio se expondrá durante el próximo congreso europeo de andrología en Roma. Además, el factor femenino no sesga los resultados porque los óvulos pertenecen a donantes jóvenes sin problemas de fertilidad.
La mala calidad del semen de los alicantinos también quedó demostrada en otro estudio reciente elaborado entre jóvenes donantes en 60 clínicas del país, pues los de la Comunidad Valenciana se encontraban en último lugar.
La incógnita turca
Turquía ocupa el último lugar en cuanto a calidad del semen en todos los parámetros, junto con Bélgica, y el penúltimo en tasa de embarazos en el primer intento de la fecundación in vitro llevada a cabo en los centros Instituto Valenciano de Infertilidad de Alicante y Valencia. Para los investigadores este resultado sigue siendo una incógnita, pues no han podido encontrar relación con posibles causas. «No tenemos datos que nos muestren si en Turquía hay más estrés, contaminación u otro factor que incida tanto en la mala calidad del semen como en la baja tasa de gestación», argumenta la andróloga Elena Sellés. Sólo un 28% de las parejas de este país logró un embarazo en el primer ciclo de FIV.