M. A.
José Joaquín Moya es un hombre de genio y figura. Así lo definen sus compañeros del equipo de gobierno del PSOE que aseguran ayer que están con él y que lo defienden hasta en los peores momentos. El pasado martes por la tarde se quedaron sin comer dentro de las dependencias municipales porque sabían que iba a ser trasladado por la Guardia Civil para proceder a un registro. Los agentes de la Benemérita no les dejaron acercarse a su compañero de partido y menos mantener una mínima conversación hasta que todo acabó pasadas las siete de la tarde. "Él pidió que le dejaran fumar mientras duraba el registro y, como aceptaron, fuimos a comprarle tres paquetes de "Marlboro" a un bar próximo, pero ésto no lo pongas que no se puede fumar en las dependencias", aseguraba con gracia uno de los concejales.
Mientras en la primera planta del Consistorio los agentes no paraban de mirar papeles durante tres horas los concejales del PSOE mantenían una larga reunión en la planta inferior y esperaban el desenlace, "preparábamos el pleno del próximo viernes (por mañana) que era extraordinario y que convocó Moya el pasado lunes. ¿Si se va a celebrar?, ahora no lo sabemos, tenemos que consultar porque tampoco hay secretario".
Los concejales socialistas explicaban ayer que no saben qué podían estar buscando los guardias civiles en el despacho de la Alcaldía porque "allí el alcalde nunca tiene muchos papeles. Se marcharon (los guardias) y dejaron la puerta abierta. Ahí puede entrar quien quiera porque no lo precintaron. Las bolsas de los agentes estaban prácticamente vacías, parecía que abultaban, pero dentro llevaban otras bolsas que no habían utilizado".
Camuflado
El alcalde, mientras la Guardia Civil procedía a preparar el dispositivo para que se lo llevaran en un vehículo camuflado en el menor tiempo posible, tuvo un breve encuentro con los concejales, "estaba mejor que nosotros. Nos pidió que le anuláramos una cita que tenía en la Confederación Hidrográfica y otras reuniones. También nos contó que estaba con el secretario -Antonio Saseta- y que también estaban bien, que no nos preocupáramos por él, que todo iba a salir bien". Los concejales no pueden olvidar cómo desde el interior del Ayuntamiento oían los gritos de apoyo a su alcalde. "El Moya, El Moya, El Moya...", y como éste miraba y sonreía.