S. ESCRIBANO
Se confirmaron las sospechas. Lo que hasta ahora era una percepción de los centros de reproducción asistida de la provincia ya se puede cuantificar con datos concretos: el semen del 22,7% de los jóvenes no alcanza los niveles óptimos de concentración de espermatozoides. Así se desprende del macroestudio realizado por 60 clínicas del país, entre ellas dos del Instituto Bernabeu (IB), las de Alicante y Elche, el Instituto de Reproducción de la Marina Alta (Irema) y dos más de Valencia. El resultado de la investigación no podía ser más desalentador, pues el esperma de los voluntarios de la Comunidad Valenciana que participaron en esta investigación es el peor, junto al de los catalanes. Los gallegos son los que salen mejor parados.
El estudio, dirigido por el Instituto Marquès y auspiciado por la Asociación Española de Andrología (Asesa) y la Asociación Nacional de Clínicas de Reproducción Asistida (Anacer), se realizó entre 1.239 jóvenes de 18 a 30 años de todas las autonomías, aunque sólo se han comparado los de las seis comunidades en las que se obtuvieron más muestras.
En la Comunidad Valenciana, dos de cada diez voluntarios tienen una concentración de espermatozoides inferior a los 20 millones por mililitro que establece como normal la Organización Mundial de la Salud (OMS). En Cataluña, el 22,7% de las muestras de semen recogidas tampoco alcanza el mínimo establecido y le siguen las recibidas en el País Vasco (18,7%), Madrid (14,8%), Andalucía (13,7%) y Galicia (8,5%).
Si se tienen en cuenta otras variables del semen, como la movilidad y el volumen de los espermatozoides, el porcentaje de jóvenes con un esperma de calidad inferior a lo que la OMS considera normar asciende al 57,8%. Estos hombres podrían tardar más de lo habitual en tener hijos o podrían verse obligados a acudir a un centro de fertilidad.
Según la directora del estudio y jefa de Servicio de Reproducción Asistida del Instituto Marqués, Marisa López Teijón, la explicación de estas diferencias entre autonomías reside en la contaminación industrial y los denominados disruptores endocrinos o estrogénicos, que definió como sustancias químicas de origen industrial que se acumulan en el tejido graso del organismo y actúan como hormonas femeninas. Pueden afectar a la formación de los testículos en el feto, en el tercer mes de embarazo, ya que las madres los trasmiten a sus hijos varones a través del cordón umbilical, y alterar el proceso de formación de los espermatozoides.
Según la Unión Europea, existen más de 550 disruptores endocrinos que se usan en la elaboración de pesticidas, fertilizantes, plásticos, cosméticos, materiales de construcción, productos de limpieza o que liberan las plantas incineradoras y son resistentes a la biodegradación. Esta experta indicó que la peor calidad en la Comunidad está relacionada con la mayor contaminación.
Por contra, según el estudio el consumo de alcohol, tabaco o el estrés no altera la calidad. "No es un problema de hábitos tóxicos, sino que viene determinada en la fase embrionaria por la incidencia de las sustancias tóxicas a las que se ha visto sometida la madre", subrayó Manel Ebaile, uno de los autores del estudio.
López Teijón aseguró que "lo único" que mejora la calidad del semen en individuos sanos y sin problemas es "eyacular mucho, solo o acompañado", porque de esa manera se eliminan los espermatozoides muertos.