REPORTAJE. PARTICIPACIÓN
CLARA R. FORNER
El Ayuntamiento expondrá al público este mes de octubre el nuevo Plan General de Alicante. Es la oportunidad que se presenta para que los ciudadanos expongan a la Corporación sus peticiones para mejorar el desarrollo futuro de la ciudad. Por tanto, es de suponer que la mayoría de la asociaciones de vecinos que existen en el municipio presenten alegaciones con reivindicaciones para sus barrios. Pero en este proceso se va a echar en falta una voz que represente al movimiento vecinal en su conjunto, o a gran parte de él, lo que coloca a este movimiento en desventaja frente a otros colectivos como los comerciantes, que cuentan con el Colectivo por Alicante, un portavoz de todas sus asociaciones.
En este proceso que ahora se abre, por tanto, se echará de menos un interlocutor válido que pueda plantear al Ayuntamiento reivindicaciones relativas a servicios o dotaciones que den servicio a la ciudad en su conjunto.
Hace una década, en Alicante funcionaba la Coordinadora de Asociaciones de Vecinos, integrada por la mayoría de las entidades más antiguas y reivindicativas de la ciudad. Frente a este colectivo de izquierdas surgió la Favcova -Federación de Asociaciones de Vecinos de la Comunidad Valenciana- que, por estar más ligada al poder de la Generalitat y el Ayuntamiento, resultaba bastante menos luchadora, pero también hacía escuchar su voz de vez en cuando.
De la asociación al partido
Pero ambas permanecen actualmente prácticamente inactivas en Alicante. La Coordinadora ha perdido todo protagonismo desde que sus miembros decidieron prácticamente en bloque constituir el partido Vecinos por Alicante y su portavoz, José Luis Valdés, fue nombrado secretario general de esta nueva formación política. Desde entonces, la actividad de Valdés y de otros líderes históricos del movimiento vecinal como Felicidad Sánchez o Pascual Pérez se ha canalizado principalmente a través del partido, de las asociaciones que representan o incluso de las nuevas plataformas que se han constituido en los últimos años, como la Plataforma Renfe. El nuevo presidente de la Coordinadora es ahora Juan González, casi un desconocido.
En cuanto a Favcova, en los últimos años sólo ha sido noticia por las generosas subvenciones obtenidas de la Generalitat y no por su actividad en favor de los barrios.
Un tercer factor que ha restado portavoces reconocidos ante el Ayuntamiento fue la modificación de las Juntas de Distrito. Antes había seis y estaban presididas por un dirigente vecinal, pero el Ayuntamiento aplicó la Ley de Grandes Ciudades convirtiéndolas en cinco, que ahora tienen como presidente a un concejal del equipo de Gobierno.
Pero la desactivación de estos colectivos no quiere decir que el movimiento ciudadano esté dormido ni, mucho menos, muerto. Es cierto que las asociaciones históricas no han podido o no han sabido en la mayoría de los casos atraer a gente joven que sustituya a sus dirigentes, algunos de los cuales llevan lustros e incluso décadas al frente de las asociaciones sin que nadie les sustituya -José María Baixauli, en Garbinet, Ulpiano Colás, en El Palamó o Paquita Molina, en Ciudad Jardín son algunos ejemplos-. Pero también es cierto que en aquellas zonas donde han surgido conflictos que el vecindario considera graves, no han tardado en aparecer tanto asociaciones de vecinos nuevas como otra figura que se ha puesto de moda: las plataformas reivindicativas.
Se trata de movimientos que exceden el ámbito de un barrio pero tienen su razón de ser en cuestiones concretas. La primera que surgió con gran fuerza y ya desapareció porque consiguió su objetivo fue Salvem el Benacantil. Se creó para impedir que el ahora ex alcalde, Luis Díaz Alperi, construyera el Palacio de Congresos junto al Castillo de Santa Bárbara.
Un largo futuro
En la actualidad una de las más activas es la Plataforma en Defensa del Puerto. También nació para luchar contra un proyecto, la instalación de los depósitos de biodiésel en los nuevos muelles. Y, como la anterior, está en vías de conseguirlo. Pero a este colectivo se le augura un largo futuro pues ha ampliado su campo reivindicativo. Ahora lucha contra la carga y descarga de graneles al aire libre en el Puerto y la contaminación de la zona litoral Sur del municipio, incluido el barranco de las Ovejas. Tiene abiertos tantos frentes y da tantos dolores de cabeza al Ayuntamiento que la propia alcaldesa de Alicante, Sonia Castedo, en su primer discurso tras la toma de posesión se lamentó de la actividad de estas plataformas.
Mejor relación con las administraciones tiene la ya citada Plataforma Renfe, que viene demostrando una gran paciencia durante años en lo relativo a su reivindicación: el soterramiento de las vías del tren a su entrada en Alicante. Aun así, sus miembros no se desmoralizan y siguen visitando despachos periódicamente para conseguir que se ejecute esta obra tan necesaria para la ciudad.
Tampoco gusta precisamente al Gobierno municipal la Plataforma de Iniciativas Ciudadanas, que sí plantea reivindicaciones para toda la ciudad, pero no se puede considerar como una agrupación de asociaciones de vecinos. Otras plataformas menos conocidas pero que han funcionado o aún reivindican son la Plataforma del Ficus de Benalúa, que también logró salvarlo; la de Agua Amarga; la Plataforma por la Rehabilitación de la avenida de Dénia o la de Afectados por la telefonía Móvil de Alicante.
Una figura distinta son los denominados movimientos, principalmente el Movimiento por Benalúa, aunque también hubo un intento de crear un Movimiento por el Centro. Precisamente, el corazón de la ciudad es donde, a falta un movimiento vecinal activo, las únicas reivindicaciones que se plantean vienen de las asociaciones de comerciantes. Hubo una Coordinadora para la Recuperación del Centro Tradicional, nacida por los problemas de convivencia que existían en el entorno de la plaza de Gabriel Miró. Pero también se desactivó y, de nuevo, son los vendedores quienes piden al Ayuntamiento las mejoras necesarias para estas calles.