PERE ROSTOLL. VALENCIA
El PSPV cumplió ayer, una vez más, con el guión que viene marcando sus congresos desde que en 1997 Joan Romero resultó elegido por sólo tres votos: la polarización del partido en dos grandes bloques, la elección de un secretario general por escaso margen y la división interna. Con 34 años, Jorge Alarte será el quinto secretario general de los socialistas valencianos. Pero tendrá que afrontar hoy la elección de su nueva ejecutiva tras una batalla en las urnas en la que Alarte, con el respaldo explícito de los afines a Leire Pajín, ganó por la mínima -logró el 51% y un margen de apenas 20 papeletas, 282 contra 262 y cinco votos en blanco, de diferencia- al alcalde de Morella, Ximo Puig, aliado con Francesc Romeu y la corriente Izquierda Socialista. Las fugas que registraron estos dos últimos sectores, aunque mínimas, entre delegados de la Marina Alta, l´Alcoià y la ciudad de Alicante fueron claves en el resultado.
Sí hubo, en todo caso, un cambio en una película que muchos de los delegados no reconocían de congresos anteriores: la intervención de José Blanco. El número dos del PSOE, tras el fracaso total y absoluto que ha cosechado Ferraz en el intento de resolver el congreso evitando una nueva confrontación, salió a la tribuna para ordenar el final de la lucha interna, dejar vía libre a Jorge Alarte para que configure una ejecutiva a su medida y exigir al sector de Ximo Puig -la mitad del partido- que no boicoteen la votación de hoy en la que se ratificará la nueva dirección. "Ni en 2000 ni hace cuatros años, Blanco hizo eso con Ignasi Pla", se quejaron los seguidores del candidato derrotado.
La intervención de Blanco, en todo caso, estuvo a punto de tener que tomar otra dirección que no hubiera gustado ni un ápice a Ferraz. El pacto que sellaron Puig y Romeu, como estaba previsto, ajustó al máximo el resultado del cónclave. Hasta el punto de que, durante el recuento de las papeletas, Puig fue por delante casi hasta el final. Con la mitad de los votos escrutados, llevaba cincuenta de diferencia. No fue hasta la última parte del recuento, cuando la ventaja se redujo y Alarte se adelantó. Un resultado que se anunció pasadas las tres de la tarde y con más de dos horas de retraso por las medidas que se tomaron para garantizar la libertad de voto de los delegados. Los compromisarios entraban de uno en uno, con DNI y recoger el voto, obligatoriamente, en una cabina con cortina.
Ximo Puig, que trazó un discurso ante el plenario con guiños a todos los sectores en busca de los apoyos que le faltaban, estiró sus 150 avales hasta 262 votos. Alarte, con una intervención a la defensiva y de respuesta a Puig tras descartar momentos antes de subir a la tribuna leer el discurso que había preparado, evidenció que jugó con casi toda su potencia de fuego en la presentación de los avales y apenas creció en diecinueve papeletas sobre las firmas que presentó. Tras la tensión que se vivió en el recuento, José Blanco salió a la tribuna resuelto a tratar de resolver en pocos minutos lo que Ferraz no ha sabido solucionar en la larga precampaña de quince meses que ha precedido al congreso del PSPV.
"Aquí hay un punto y final -expresión que repitió en dos ocasiones- y todos debéis estar detrás de Alarte. Se acabaron las bromas y los experimentos. Ximo -dijo dirigiéndose al candidato perdedor-, tienes una enorme responsabilidad para que este congreso acabe bien. Te emplazo a que la ejerzas. Alarte debe tener la misma autonomía que Bono dio a Zapatero para conformar su ejecutiva". El tono del discurso de Blanco molestó al grupo encabezado por Puig que llegó a pedir explicaciones al vicesecretario general del PSOE por el contenido de la intervención. El número dos de Zapatero le trasladó que quería dar un toque de atención en público y ante los delegados. El discurso de Blanco tenía toda la intención. El congreso no se termina con la elección de Alarte. Ni mucho menos. El nuevo secretario general y Ferraz tienen que tratar de maquillar el resultado en la votación de la ejecutiva para alejar la imagen de que el cónclave se cierra en falso. Todo lo que no sea validar los órganos del PSPV por más del 70% sería un problema. Y, encima, el día que Zapatero llega a Valencia.