J. E. M.
Será muy difícil, por no decir imposible, que la apertura de un curso académico en la Universidad de Alicante vuelva a coincidir con la investidura como doctor honoris causa de uno de los escritores e intelectuales más prestigiosos del planeta, que además es Premio Cervantes (1995), Premio Príncipe de Asturias (1986), miembro de la Real Academia Española y presidente del Patronato y del Consejo Científico de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes del Campus de San Vicente. Ni siquiera este inigualable concurso de méritos del autor de "Travesuras de la niña mala" y "La fiesta del chivo" fue ayer suficiente para concitar una amplia representación institucional y de la sociedad civil alicantina.
El presidente Camps, que sí acudió el año pasado, delegó en el conseller Font de Mora, mientras que por el Ayuntamiento de Alicante acudieron la flamante alcaldesa Sonia Castedo ("siempre vuelvo con entusiasmo a mi universidad") y tres de los cuatro concejales socialistas que no estaban en el congreso regional -Adsuar, De Barros y Pernías-. En primera fila también se sentaron la alcaldesa de San Vicente, Luisa Pastor, el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, y su delegado de Cultura Pedro Romero. Más atrás estaban los secretarios generales de UGT y CC OO, mientras que del mundo de la cultura asistió el pintor y escultor Pepe Azorín; y del empresarial, Manuel Peláez, de Ecisa. Ni rastro de las organizaciones empresariales Coepa y Cámara de Comercio, si bien es cierto que en representación de la primera iba a acudir el presidente de Cepyme, Juan José Sellés, pero una indisposición se lo impidió a última hora.
No estamos, ni mucho menos, en los tiempos negros de la "espantá" de Zaplana y el boicot oficial a Pedreño, pero sí es cierto que el acto perdió solemnidad y evidenció, una vez más, la falta de sintonía entre la Universidad y la ciudad de Alicante. "Es una pena que una ocasión histórica como ésta no haya contado con un mayor respaldo social e institucional", concedió Óscar Llopis, secretario de UGT, con quien coinciden un buen número de miembros de la comunidad académica y otros asistentes al acto.
Tampoco hubo quejas ni comentarios al respecto entre el equipo rectoral, mientras que la Conselleria de Educación enmarcó en la "completa normalidad" el hecho de que no estuviera Camps "porque cada año asiste a una universidad distinta".
Tres horas y media después del inicio del acto, que a más de uno le pareció excesivamente largo, la comitiva dio esquinazo a la prensa y el conseller se ahorró engorrosas preguntas sobre Educación para la Ciudadanía.