«Cerrado por investidura de una clienta»

Crónica de una jornada que empezó con rodetes en el pelo y acabó con una visita al convento de las Capuchinas.

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La alcaldesa visitó a la monja incorrupta, Sor Úrsula, en la clausura de las Capuchinas
La alcaldesa visitó a la monja incorrupta, Sor Úrsula, en la clausura de las Capuchinas 
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SUSANA ABIA Aún no eran las nueve de la mañana y el salón del domicilio particular de la mujer que en unas horas iba a convertirse en alcaldesa de Alicante era una mezcla del "Camarote de los Hermanos Marx" y el "Ala Oeste de la Casa Blanca", pero a escala doméstica.
Sonia Castedo, con rodetes en el pelo, un vestido playero y chanclas, se concentraba en repasar, tachar o escribir notas en un borrador de su discurso, a la vez que daba instrucciones por teléfono. Su colaborador, Jaime Esquembre, también andaba colgado del móvil por los rincones, cada dos por tres.
Entretanto, Miguel Angel, amigo y peluquero de Castedo desde hace más de 20 años, se empeñó, hasta que la rindió, en retocarle la melena a la edil Marta García Romeu. Miguel Angel, que ayer se tomó la mañana libre para acompañar a su Sonia, tenía pensado colgar un cartel en su establecimiento con la siguiente leyenda: "Cerrado por investidura de una clienta". Finalmente no lo hizo, para evitar que a la alcaldesa le diera un pasmo antes de tomar oficialmente posesión de su cargo.
García Romeu, hecha un flan, y Toño Sobrino fueron los únicos concejales de la Corporación que estaban en casa de Sonia Castedo. Su hermano mayor y su cuñada también estaban ocupados. Ella, planchando el traje del marido de la que ya es la máxima autoridad municipal, él, poco después tuvo que empezar a hacer nudos de corbata. "¿Pero es que nadie sabe hacer nudos en esta casa? Os falta práctica". Evidentemente, sí, porque los varones allí presentes, incluidos los amigos íntimos de Castedo, se iban pasando una chuleta con las instrucciones de tan complicada tarea y ni así acertaban.
Las amigas más cercanas de la novia, compañeras desde el Instituto, pululaban "muy orgullosas" y una subió a la habitación, entusiasmada, para verla vestirse. A medida que el reloj avanzaba seguía llegando gente: la presidenta de su Hoguera, la de Santa María del Mar, de la que fue Belleza hace veinte años, vecinos y alguna amiga más.
Cuando Antía, la hija de la alcaldesa se despertó y bajó al salón en camisón su cara fue un número, la cría estaba estupefacta. Su padre le hizo el desayuno, otros le pasaban el donuts y la niña no estaba muy por la labor de ponerse los zapatitos de charol. Bastante era que soportaba el vestido, que hacia juego con el de su mamá. Al final, la cosa se solucionó cuando sus padres le propusieron llevarle sandalias en una bolsa.
La alcaldesa tenía gestos cariñosos para todos: "Mi Viky, que ha dejado hoy su trabajo en El Corte Inglés para acompañarme". "Antía, estás preciosa", y la besaba. "Mis zapatos, ¿dónde están mis zapatos?". Aprovechando que abre la puerta, me enseña en un aparador que preside la entrada la fotografía de su amiga Susana, fallecida hace un año: "Mírala, parece que me está mirando". Lo mismo comenta "no sé que puedo hacer para no llorar. Miguel Ángel: ¿Este rimel se corre con el agua?", que se extraña de la ausencia de su madre: "No sé cómo no ha venido. A lo mejor va directa al Ayuntamiento".
Horas más tarde, durante la comida con la que Sonia Castedo agasajó a unas 60 personas, sería su propia madre quien me desvelaría por qué no estaba por la mañana en casa de su niña. "Estaba tan nerviosa que anoche no he dormido nada. Me he metido en la ducha a las nueve de la mañana". Vicepresidenta de las Casas Regionales de Alicante y tan dicharachera como su hija, la alcaldesa madre, como decidí bautizarla cariñosamente por mi cuenta y riesgo, aunque ella no quiere ejercer ese rango, me señaló emocionada: "Hoy hace justo 22 años que aterrizamos en Alicante. Mis hijos venían llorando porque dejaban a sus amigos, su colegioÉ y hoy los tres son los mayores amantes y defensores de Alicante". Ella, que dice sentirse muy orgullosa de sus hijos "porque la conocida es Sonia, por ser política, pero los tres han acabado sus carreras, son estupendos, y nadie les ha regalado nada", estaba feliz y sólo una sombra la entristeció hasta el llanto: "Si su padre, que murió hace 15 años, se levantara hoy de la tumba ¡volvería a morirse de orgullo!".
A las 10 de la mañana la alcaldesa en ciernes baja completamente vestida y arreglada y todo el mundo salta en exclamaciones porque está radiente. "Guapísima", "Impresionante", "Estás fantástica". Y lo está.
Muchos de los que empiezan a desfilar desde su casa hasta el Ayuntamiento en coches particulares están tan cansados como la propia Castedo. "Ayer la fiesta de Alperi terminó a la 1,30 de la madrugada. Estamos fundidos, aunque fue fantástica".
Castedo va en coche oficial junto a su hija, que no quiere separarse de su madre. Arturo, su marido, cuenta por el camino que "estoy muy tranquilo. Con lo de Sonia estoy contentísimo, pero con lo del alcalde, saber que se vaÉ a lo mejor suelto una lágrima" y añade que su familia no puede acudir en una fecha tan importante para ellos "porque están en Galicia y no te dan dos días de permiso de trabajo para asistir a la investidura de tu cuñada".
Al llegar a la puerta del edificio Consistorial, diez minutos antes de la hora en que está previsto que comience el pleno, un policía local le para y le suelta: "¿Puedo abrazar al alcalde consorte?" y Turi, como le llaman los suyos, se funde en un abrazo con él.
Una vez en el Salón Azul, a pesar de llevar invitación, la mayoría de los amigos de Castedo no pueden acceder y tienen que quedarse en el vestíbulo. Los asistentes duplican las previsiones de protocolo. La alcaldesa en funciones saluda, besa y abraza. A destacar, la alegría que supura la ex concejala socialista María Dolores (Maloles) Rodríguez, que afirma estar "encantada. He venido con mucho gusto". Ella también está invitada al ágape posterior en un conocido restaurante, que paga la alcaldesa. "Por eso viene la gente que quiero, los he invitado yo", señala Castedo.
El "consorte" del día, con Antía sobre sus piernas, en primera fila, va relatando en voz baja a su hija lo que está sucediendo en el pleno: "Ahora tienen que votar", "Ahora hablará mamá". La cría, con su abuela al lado, se comporta perfectamente, hasta que al final, al ver llorar a su madre al concluir su discurso de investidura y mientras la nueva alcaldesa se dirige a abrazar al ex alcalde, no se contiene y escapa de los brazos de su padre para correr hacia su mami. Una mami que, aún con todo, no la pierde de vista, que está pendiente de si tose mucho o tiene un pelín de fiebre, que la deja correr descalza y jugar en el suelo del Salón Azul cuando se queda vacío.
Los rizos de Sonia Castedo no aguantan la sesión plenaria. Mantiene el empaque en su discurso, pero se le cierra la garganta en la última parte, dedicada a Alperi. Tras una pausa, continúa hablando y ya no le importa llorar. No es la única que lo hace.
Termina el pleno y tanto su marido como su asesor se lamentan de que, al final, ha decidido eliminar una parte de su discurso, el que se centraba en su familia y en el que pedía que le permitieran ser madre por un momento. "Me ha dicho que como sabía que en la parte de Luis iba a llorar, no quería hacerlo dos veces, porque también se le habría quebrado la voz al mencionar a su familia", apunta Arturo.
En el antiguo despacho de Alcaldía se ha preparado un cóctel. Asunción Sánchez Zaplana se ocupa de Antía y le pone tiritas en los talones. "Es que la conozco desde que nació", explica la concejala. La madre de Sonia Castedo, la madrina de Antía y amiga íntima de la familia, la madre de Marta García Romeu y la madre de Susana, la amiga ausente que no faltó a la cita, sentadas en un sofá, reciben felicitaciones y cortesías constantemente. El hasta el lunes alcalde de la ciudad durante más de trece años, se queda en camisa rosa de manga corta y concreta una partida de mus, aunque advierte que está "desentrenado". El presidente de la Diputación, Joaquín Ripoll, no está, ni acude a la comida. "Tenía trabajo, pero ha estado en todos los actos y muy bien", asegura Miguel Valor. El también edil Juan Zaragoza añade "ha tenido que ir a una inauguración". El resto del grupo popular y los amigos van pasando por allí. La oposición, tras celebrarse el pleno, desaparece con cierta rapidez. No están invitados a la comida.
¿Y quiénes lo están? Pues todo el equipo de gobierno, su familia, los amigos particulares y vecinos de la alcaldesa, el presidente de la Autoridad Portuaria, Sergio Campos y el director del Puerto, colaboradores y asesores de la propia Castedo y del grupo municipal del PP, el presidente y el tesorero de las Casas Regionales de Alicante y los constructores y ex presidentes del Alicante, Antonio Solana y Juan Antonio Iniesta. "Solana es amigo mío desde hace 13 años y a Juan Antonio le quiero mucho", manifiesta la alcaldesa a modo de explicación.
A partir de las cuatro de la tarde, la mayor parte del personal se marcha y queda un reducido grupo de 15 personas en el restaurante. Sonia Castedo, machacada por los tacones, antes de darse un respiro y sentarse, pregunta a los presentes si quieren café o infusiones y se acerca a pedirlos al camarero o incluso los sirve ella. "¿No decías que siempre serías tú, que no ibas a cambiar? Pues, ¡hala! ¡Sigue atendiéndonos a todos!", comenta un amigo.
La sesión de tarde continúa con una visita muy especial de la alcaldesa al convento de las capuchinas. A las seis y cuarto se acaban las obligaciones. El grupito se reduce y entra en una cafetería, mientras Castedo señala que después quiere dar una vuelta tranquila, con una amiga, y que esta noche piensa acostarse muy temprano. Por hoy, baja la persiana, a pesar de que su madre estaba organizando un arroz con leche nocturno "en mi casa o en la de Sonia" coreada por la madre de Marta García Romeu que también ofrece su domicilio para tan dulce plan."No, por favor, no puedo más. Voy a pasear un rato y me voy a la cama" decide la alcaldesa.
LOS BRINDIS
"Quizá me voy porque es el mejor momento"
A los populares, sobre todo a ellas, aún les quedaban lágrimas por derramar durante la comida con la que agasajó la alcaldesa a su gente. En el momento en que las televisiones locales comenzaron a emitir el pleno de investidura, varias concejalas se apresuraron hacia la barra del restaurante para estar más cerca del televisor y así volverlo a escuchar en diferido.
En éstas estábamos cuando aparece, de casualidad, el director general de la CAM, Roberto López, y felicita a la recién estrenada alcaldesa. Ni estaba invitado a la feria, ni él sabía que se celebraba allí; iba a una comida y se encontró con la fiesta.
Alperi pide un brindis y lanza un mensaje a los suyos: "Éste es el mejor equipo de gobierno que he tenido. El más unido, el que ha puesto mucha ilusión y ganas". Y añade: "Os garantizo que podéis estar tranquilos. El Ayuntamiento está cohesionado, el partido de dulce, y en la ciudad se están haciendo cosas maravillosas. Quizás me voy ahora, por eso, porque es el mejor momento".

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