Por estas fechas se cumplen 13 años desde que por vez primera atravesé este Salón Azul del Ayuntamiento de Alicante para dirigirme al que iba a ser mi primer puesto de trabajo remunerado, como técnico del Gabinete de Prensa, justamente en el despacho que está a mi espalda.
No podía imaginar en aquel verano de 1995 que la vida me deparaba mayores responsabilidades para con una ciudad a la que amo profundamente, a la que he dedicado todos mis esfuerzos desde entonces, y a la que a partir de hoy represento como alcaldesa.
Durante nueve años y cuatro meses he desempeñado funciones diversas, ya como concejala, en el equipo municipal de gobierno. Turismo, Playas, Pedanías, Medios de Comunicación, Patronato de la Vivienda y Urbanismo son los departamentos en los que he trabajado directamente, siempre a las órdenes de Luis Díaz Alperi, mi alcalde, mi mentor, mi amigo, y siempre con la misma ilusión, con la misma energía, consciente de que una ciudad, un colectivo y una institución es siempre el resultado de un trabajo en equipo, de un amplio compendio de obligaciones y derechos, y desde luego con la máxima de que tan importante es que el mobiliario urbano esté en buenas condiciones como recibir y despedir a los participantes de la más prestigiosa regata que da la vuelta al mundo y que pronto zarpará de nuestras aguas.
Si siempre ha sido un honor pertenecer a esta Corporación municipal, el reto de asumir la Alcaldía marcará sin duda el resto de mi vida. Un paso trascendental que hoy se confunde con un cúmulo de sentimientos que se agolpan en mi mente y que se disparan a cada segundo de forma incontrolada.
Responsabilidad, agradecimiento, compromiso, ilusión, confianza, pasión, temor... Todo eso y mucho más es lo que hoy siento, con el pleno convencimiento de que no estoy sola en esta empresa, y también de que me convierto en punto fijo de muchas miradas, en el centro de muchos comentarios, en el educando en permanente proceso de evaluación... Y así debe ser.
Son muchos los mensajes que quisiera trasladar y muchas las personas a las que quiero y debo citar, pero me van a permitir todos que arranque con quienes han sido, son y serán mi principal objetivo: los ciudadanos de Alicante, a quienes me debo por convicción, vocación y obligación, quienes me concedieron el honor de ser concejala, quienes hoy me permiten ser alcaldesa y a quienes espero no defraudar nunca.
Alicantinos y alicantinas, hay varias formas de mostrar en público la vara de mando que me acaban de entregar: una sería alzándola en alto en señal de victoria y poder; y otra, ofreciéndola a quienes acuden físicamente a este importante acto porque ostentan la representatividad ciudadana.
Ésta es la que yo escojo.
La vara de mando, pues, es vuestra y no mía. Decidís vosotros en qué manos la ponéis, en quién confiáis vuestros recursos y vuestras ilusiones. Desde hoy mismo abro las puertas de la Alcaldía de par en par. Asociaciones y colectivos: perseguiré con ahínco el necesario diálogo social, trabajaré incansable en la defensa de los intereses comunes, y me dejaré la piel por conseguir avanzar hacia la ciudad que todos queremos, esa ciudad que crece rápido, esa ciudad hermosa, moderna y funcional que, naturalmente, también tiene carencias y problemas, y que con vuestra ayuda fundamental y la de mis compañeros estoy segura vamos a solucionar.
Y digo bien, entre todos, porque como he apuntado, gobernar no es cosa de unos pocos. Gobernar es dialogar, negociar, comprender, reclamar, gestionar, aplaudir y censurar. Gobernar exige lealtad con uno mismo, con los demás, con la institución de la que formas parte y, sobre todo, con la ciudad a la que perteneces.
Compañeros de Corporación: formamos un equipo. Cada cual en el lugar que le corresponde por decisión popular, pero un equipo al fin y al cabo. Luchamos por la misma bandera, por los mismos colores, por los mismos objetivos. Porque esa es vuestra obligación.
No es tan importante llegar a Ítaca como disfrutar intensamente del camino. Ora con su alfombra roja, ora con sus puntiagudas piedras, ese camino lo debemos recorrer juntos, de la mano.
En la vida, y sobre todo en política, hay tiempo para mucho, pero sobre todo un tiempo para cada acción.
Sé que el apoyo de mis compañeros de partido es absoluto. El equipo de gobierno es homogéneo, compacto... una piña por la ciudad a la que se debe. Pero entiendo que no es suficiente. Nunca es suficiente por Alicante.
Tiendo la mano pues al grupo de la oposición, y lo hago en el doble sentido: pido su confianza para proseguir en la línea de crecimiento, bienestar y calidad de vida para los alicantinos, y ofrezco mi colaboración para que pueda desarrollar, siempre desde la lealtad a la institución, su trabajo, absolutamente imprescindible en democracia. Hago votos por una oposición digna, colaboradora y crítica al mismo tiempo, con ideas, con voluntad de trabajo en aportación de soluciones. No es de recibo una oposición asentada en el resentimiento y en la denuncia permanente. La política se ejerce en los partidos y en los foros públicos de debate, no en los tribunales. Pido su colaboración, en definitiva, por el bien de una Administración eficiente, enteramente al servicio de los ciudadanos para resolver los problemas con celeridad y no sujeta a sobresaltos que a nada conducen.
A mis compañeros de partido les quiero decir que no voy a cambiar. He estado siempre a vuestro lado, y me mantendré en ese mismo lugar. A partir de ahora, más que nunca, necesito vuestro apoyo, vuestro calor. Somos capaces de hacer muchas cosas porque ya lo hemos demostrado, pero se nos exige más y nuestra obligación es darlo todo.
Pido la confianza de todos mis concejales, de gobierno y de la oposición, para impulsar la próspera ciudad de Alicante, una ciudad unida y diversa, orgullo de sus habitantes... una ciudad en la que superar, de la mano de empresarios y trabajadores, la difícil situación económica que a todos afecta.
Sin lugar a dudas, en ese trabajo está también el funcionariado de esta casa, ese cuerpo de profesionales que hacen posible que cada día el engranaje de la Administración municipal esté bien engrasado para que funcione la máquina de la ciudad. El Ayuntamiento es la empresa de la ciudad con mayor número de trabajadores, y por tanto la que más volumen de trabajo registra. Mi mensaje es idéntico a la obligación que nos viene impuesta: lo primero es el ciudadano. Debemos y podemos hacerlo.
A nadie se le escapa que son muchas las necesidades que se le plantean a una gran ciudad como ya es Alicante, con más de 350.000 habitantes censados, nunca menos de 500.000 y en ocasiones hasta 700.000.
Tampoco descubro nada nuevo si digo que las arcas municipales son del todo punto insuficientes para atender adecuadamente a todos los frentes. La ciudad de Alicante necesita el apoyo de administraciones superiores, desde la Diputación Provincial hasta la Generalitat, el Gobierno central y los organismos de la Unión.
Tanto el president como los consellers viajan a menudo hasta Alicante, y siempre con buenas nuevas. Un proyecto, una inversión, una inauguración... Esta ciudad debe mucho a la Generalitat Valenciana, cuyas multimillonarias inversiones han conseguido su transformación y modernización definitivas. Pero Alicante, la segunda ciudad de la Comunidad, necesita más, y vosotros, miembros del Gobierno valenciano con el president a la cabeza, me tenéis que ayudar.
Personalmente me gustaría recibiros cada día, aunque sé que eso no es posible. Cuando lo haga será, como siempre, con los brazos abiertos, pero os anuncio que me dispongo a hacer muchos kilómetros hasta conocer cada centímetro de la autopista que nos une.
Sí, voy a llamar muchas veces a vuestra puerta. Os pediré inversiones, colaboración y esfuerzo, y quiero que en esos momentos no penséis en Sonia Castedo ni en el cargo que desempeño. Quien llamará a vuestra puerta es la ciudad de Alicante. 350.000 nudillos son muchas manos unidas.
Pediré, pediré y pediré. Es lo que me toca. Es mi obligación y la de mis concejales, y sé que nos atenderéis, porque ya lo hacéis y os doy las gracias por adelantado.
Y sí, también viajaré a menudo a Madrid, pero no precisamente para visitar la capital del Reino, bellísima donde las haya, sino para adentrarme en las sedes ministeriales y reclamar las inversiones que en justicia tienen que llegar.
Grandes asuntos de esta ciudad competen con exclusividad al Gobierno central, y aunque sea de una ideología distinta a la mía, haré ver al presidente y a sus ministros que esa mano que estrechan o esa mejilla que besan se multiplican por 350.000, porque todos los alicantinos y todas las alicantinas esperamos esa colaboración. Y si para hacer oír esa voz con más fuerza es necesario que me acompañen representantes alicantinos del partido que gobierna España, pues tienen desde ya asiento reservado.
Y si han de vender que soy yo quien acompaña, sea pues. Siempre por Alicante. Porque podemos y debemos hacerlo.
Y en esa línea de ilusión y trabajo, no me puedo olvidar de casi las primeras personas a las que conocí cuando en aquel verano de 1995 me incorporé al Gabinete de Prensa Municipal: los periodistas.
También vosotros y vuestros medios tenéis mucho que aportar. Vuestro trabajo es fundamental en un régimen de libertades y os pido que lo hagáis desde la profesionalidad, desde la ecuanimidad y, por qué no, desde el corazón.
Me gustaría tener la prensa a mi lado, y no enfrente. Me gustaría una ciudad en la que una farola rota no sea objeto de media página de denuncia, sino de una llamada de colaboración ciudadana. Sumaros, queridos compañeros periodistas, a la ola que diseña una ciudad que se quiere a sí misma, que se siente orgullosa de lo que es, que aspira a ser mejor y que trabaja para ello.
Hay más agradecimientos, por supuesto.
No me olvido de quienes, mientras yo trabajo sufren las consecuencias personales del cargo. Mis hermanos, mi madre, mi marido y, sobre todo, mi pequeña Antía... dejadme ser madre: la más guapa entre las guapas.
Ayer me preguntaba una periodista qué pensabais vosotros de todo esto, de mi nombramiento como alcaldesa y de los acontecimientos que en los últimos días se han sucedido de forma vertiginosa.
Me costó reaccionar y tuve que reconocer que no lo sabía, que no había tenido tiempo de sentarme con vosotros y hablar, que suponía que estáis orgulloso de mí como yo lo estoy de vosotros, y que daba por seguro que vuestro apoyo será incondicional.
La recta final de este discurso la dedico de nuevo a Alicante, una ciudad en la que se vive bien, a pesar de las voces derrotistas que aprovechan plataformas mediáticas para verter dudas y sombras, hasta el punto de que el ciudadano medio ya no se identifica con esas opiniones porque lo que lee y escucha no se corresponde con el suelo que pisa, con la ciudad en la que vive y disfruta, con un presente que supera en mucho el pasado y un futuro que se le presenta plagado de mejoras en todos los sentidos.
Es importante saber que el crecimiento poblacional medio de las últimas décadas de esta ciudad has sido de 7.500 nuevos habitantes por año, lo que nos indica que si se mantiene la tendencia a final de este siglo alcanzaremos el millón de habitantes censados.
Alicante es una ciudad de servicios. Una ciudad que ofrece y dispone de servicios, que ejerce la capitalidad ahora con más autoridad que hace unas décadas. Una ciudad amable y acogedora por vocación.
Es verdad, y también triste, que hemos perdido parte de nuestra industria. Es verdad, y triste, que la Fábrica de Tabacos cierra definitivamente, pero ya os anuncio que ahí también vamos a luchar.
Y también, y motivo de orgullo, es que somos sede de la Oficina de Armonización del Mercado Europeo, que disponemos de uno de los estudios de producción cinematográfica más importantes del mundo, que pronto ofertaremos un moderno y funcional centro de congresos, que la oferta cultural crece imparable, que las más prestigiosas marcas se implantan en la ciudad, que definitivamente somos ciudad universitaria, que nuestras instalaciones deportivas atraen a equipos de toda Europa para largos periodos de entrenamiento y que nuestra climatología nos convierte en referente indiscutible como zona residencial y vacacional.
Pero... ¿en qué ha cambiado la ciudad en los últimos años? En mucho. Y seguro que ustedes coincidirán conmigo.
Nuestras carencias en infraestructuras públicas eran enormes... hasta tercermundistas diría yo.
Pertenezco a un partido político que ha eliminado esa visión negativa de la ciudad.
¿Hay que recordar que cada otoño nos inundábamos y sumábamos destrozo tras destrozo, con gota fría y hasta sin ella y desgraciadamente en ocasiones, con gran dolor, personas fallecidas?
Fue la primera gran infraestructura que acometimos bajo gobierno del alcalde Luis Díaz Alperi. Yo diría que las obras de canalización son su gran obra... pero también la menos valorada, porque aquí, como en el resto de España, lo que no se ve no existe, pero yo creo firmemente que los miles y miles de millones de pesetas que enterramos en el subsuelo de Alicante bien valen un mandato.
Pero no nos quedamos ahí.
Arreglado el interior, quedaba lo externo. Había que crear grandes avenidas y parques, viales modernos, transitables, pensados para el peatón. Necesitábamos centros escolares, complejos deportivos, centros de salud, centros sociales... y los construimos.
Cada barrio dispone de esos servicios hoy y, lo más importante, se puso en marcha y se mantiene una gestión exitosa, porque de nada sirve disponer de infraestructuras sociales si no las dotas de contenido.
Y llegó el momento en que, inevitablemente, la ciudad creció. Más de 7.000 nuevos ciudadanos cada año empujan el desarrollo urbanístico y surgieron así nuevos barrios, nuevos núcleos residenciales, que sin duda se han convertido en uno de los principales sellos de identidad de Alicante.
En marcha ese plan de expansión, estaba claro que el Alicante que todos conocíamos, la vieja Alicante si ustedes prefieren llamarla así, reclamaba inversiones para rehabilitarse, modernizarse y no perder el tren de ese desarrollo.
Surgieron así programas específicos de actuación (el Plan Centro o el Plan de la Zona Norte, por ejemplo), presupuestados y dotados económicamente para homogeneizar la ciudad en servicios y bienestar. Esas actuaciones están en marcha, pero como en todo, los resultados no se verán hasta bien avanzados los planes concretos.
¿Cuál es el presente?... Pues ya se puede ver.
¿Acaso no es un avance bien notable el nuevo paseo del puerto? ¿No es una obra histórica el acceso a la ciudad que se construye por el norte?
Sin embargo, permítanme que, si antes dije que el principal logro de Luis Díaz Alperi fue en sus primeros dos mandatos la canalización de las aguas, diga ahora que la segunda mitad de su gobierno municipal pasará a la historia por haber conseguido modernizar el transporte público. El tranvía ya ha supuesto un paso de gigante en nuestra modernización y conexión de barrios, y cuando acabe su trazado, que como él dice no se acabará nunca, sin duda se convertirá en el principal elemento vertebrador de esta ciudad.
Un tranvía que conecte la ciudad con la Universidad y el aeropuerto, las playas, el centro y los barrios no es un sueño, señores y señoras. Es una realidad en marcha, que ya se puede palpar y que antes de lo que imaginamos estará prestando un gran servicio.
¿Qué nos queda?
Mucho. Sin duda. Les recuerdo que estamos haciendo ciudad y ese es un trabajo que nunca termina. No quiero dejar de citar un símbolo de Alicante: Tabarca, y ya os anuncio que pronto conoceréis importantes actuaciones en la isla, que de la mano de quien me ha precedido y la Generalitat se han decidido y yo lógicamente voy a potenciar. Yo me imagino un Alicante con una entrada sur similar a la que se ultima por el norte. Un Alicante con la fachada litoral renovada, con un paseo marítimo que enlace la playa de San Juan con San Gabriel.
Un centro absolutamente renovado y rehabilitado, con una puesta en valor de sus fachadas, con menos neón y más materiales nobles. Un Alicante rodeado de un cinturón verde interconectado para garantizar el esparcimiento de esa población in crescendo. Un Alicante conectado por AVE... y también, y sobre todo, un Alicante con menos problemas sociales, con menos familias desestructuradas. Un Alicante multicultural, enriquecido con las aportaciones foráneas. Un Alicante tolerante, sin sobresaltos, un espacio de trabajo común y de convivencia.
¿Es eso tan difícil? Sí lo es, pero entre todos podemos.
Somos muchos más los que amamos de verdad a esta ciudad frente a los que la critican la mayor de las veces por nimiedades. Somos muchos más los que confiamos en Alicante porque nunca nos ha defraudado y somos muchos más los que estamos dispuestos a hablar más de Alicante en positivo, a trabajar en positivo... a hacer ciudad.
Si hoy estoy aquí es porque los ciudadanos lo han querido así y antes de eso porque un partido político, el Partido Popular, confió en mí para integrar una lista, para formar parte de un equipo de trabajo ilusionado por lo que hace, con vocación de servicio y con una extraordinaria capacidad de trabajo. Le debo mucho a mi partido, pero sobre todo soy lo que soy porque una persona en concreto lo ha querido así. Hoy es un día muy feliz para mí, pero también muy triste, porque él se va del Ayuntamiento. Unos dicen que ha sido mi mentor, otros que mi protector, otros que soy producto salido de su factoría... Y todos tienen razón.
A él se lo debo todo en política. A su lado he aprendido, me he tropezado y me ha levantado. Luis... ¿qué quieres que te diga? Que has sido conmigo todo lo generosa que puede ser una persona: altruista, paciente, comprensivo. Pero mejor que de mi propia cosecha, quiero transmitirte lo que siento con unas líneas de Mario Benedetti que me gusta mucho utilizar cuando celebro bodas en esta casa:
«Señor, usted sabe que puede contar conmigo,/ no una vez, ni dos,/ sino contar conmigo».
Y te lo digo de corazón, alcalde. Muchas gracias a todos.