VICTORIA BUENO
Se trata del mismo profesor de Filosofía que dio clase el curso pasado a la mitad de los alumnos a quienes ayer impartía por primera vez Educación para la Ciudadanía (EpC), así que le conocen, pero su entrada en el aula, acompañado de otra profesora y presentándose en inglés, les descoloca. No dice ni un palabra en castellano para advertirles de que la asignatura se va a dar en inglés con la profesora que le acompaña. "¡No nos puedes hacer esto!", se oye desde los pupitres.
Lo cierto es que los buenos propósitos de estos profesores por cumplir con el mandato del Consell sobre esta asignatura, a pesar de no compartirlos desde el punto de vista pedagógico, se ven truncados al cabo de veinte minutos porque no pueden ir más allá de exponer y presentar el temario, siempre en inglés y por escrito en la pizarra.
El especialista de Filosofía está sentado y cede todo el protagonismo a la profesora de Inglés que se va acercando para recibir instrucciones sobre los contenidos en voz baja y repetirlos a los alumnos en lengua anglosajona. Pero cuando tratan de profundizar en el primer tema, sobre la identidad personal de cada uno mediante la exposición de una secuencia lógica, se ven obligados a cambiar los papeles y el profesor de Filosofía se dirige puntualmente en castellano a los chicos para hacerse entender.
Después de la clase nos confiesan ambos profesores la tensión con la que han abordado esta primera experiencia y lo mal que durmieron la noche anterior pese a todo lo que se la han preparado conjuntamente, porque son conscientes de que necesitan mucho más tiempo y de que los alumnos no les pueden seguir todo el tiempo en inglés. Lo que más les choca es que ellos mismos están a favor de la enseñanza bilingüe "pero con una progresión, que es como se aprende y enseña un idioma, no de golpe", explica ella.
Lamentan profundamente que con el ritmo a que les obliga el nivel lingüístico de los alumnos necesitarán al menos un mes para hacer la primera redacción de la asignatura en inglés "para luego examinarles en castellano".
Anastasia y Elena son ucranianas y llevan un año en el instituto, al salir de clase cuentan que parece que la asignatura nueva sea "interesante, para aprender a comportarnos y conocer lo que nos rodea, pero en inglés no he entendido casi nada", confiesan. Han tomado nota de lo que la profesora apuntó en la pizarra y lo han escrito bien, términos como democracia, ciudadanos del mundo, medioambiente, la familia y el barrio, los derechos, la globalidad, la participación en sociedad y el respeto. "El contenido es precioso, sería genial que lo aprendieran", aventuran los profesores. El libro es de la editorial Oxford, en inglés.
En otro instituto la directora entra en clase con una profesora nueva a la que presenta también en inglés. Es una de las pocas docentes que ha contratado la conselleria con las dos especialidades: Inglés e Historia en este caso. Cuando acaba su novedosa experiencia le confiesa a la directora que ha impartido toda la clase en inglés pero que los alumnos no le han entendido. "Mi contestación ha sido que se traduzca a sí misma si hace falta, pero que hay que cumplir lo legislado". Este centro va a reunir a su claustro para sumarse al rechazo de los institutos de Altea a impartir la clase en inglés y también trasladará a los padres la decisión de posibles protestas.
En un tercer centro que también estrenó ayer la asignatura, varios profesores han preparado su propio temario en el ordenador para enganchar a los alumnos y porque "el de Educación tiene un nivel demasiado elevado para segundo de ESO", dicen. Son textos muy prácticos, en inglés "por supuesto" pero con un nivel "muy sencillo, al alcance de los alumnos. La asignatura va a ir muy ralentizada pero así al menos aprenderán algo y evitaremos que la rechacen". Desde la dirección sostienen que no recuerdan un despliegue de neuronas similar.