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ISABEL VICENTE Un edificio blanco, horizontal, limpio y sencillo. Eso será lo primero que los amantes de la buena música se encontrarán dentro de año y medio, si no hay más retrasos, cuando acudan al auditorio de Campoamor, un edificio de los más deseados de Alicante que ha pasado por las agendas y los presupuestos de políticos e instituciones de todo signo político hasta el punto de que, más o menos como ocurre ahora con el Palacio de Congresos, nadie tenía muy claro si iba a vivir lo bastante para verlo. Con las obras casi a medias, y pese a la falta de concreción de la Generalitat a la hora de sufragar el cincuenta por ciento que le corresponde, los trabajos, cuyo coste comparte el Consell con la Diputación, van a buen ritmo y se empieza a vislumbrar el que será uno de los principales auditorios de España. De momento, ya disponemos de una recreación digitalizada de la fachada y del interior del recinto y, de la mano de su arquitecto, Juan Antonio García Solera, podemos "visitar" el auditorio y hacernos una idea clara de lo que nos encontraremos cuando, previsiblemente a finales de 2009, abra por fin sus puertas.
García Solera se muestra orgulloso de un proyecto que creó hace más de diez años y que hasta ahora no ha empezado a ver la luz. Será, dice, un edificio sencillo, elegante, casi minimalista. "Menos es más", señala el arquitecto, "lo que no significa que sea más fácil. Una arquitectura sencilla es más comprometida porque no hay elementos que te impacten".
Esta sencillez se refleja en su fachada principal que da a la avenida de Alcoy y que, como se aprecia en la recreación digital y en la maqueta que el técnico exhibe orgulloso en su estudio, muestra un inmueble en el que predomina el color blanco, "el blanco nuestro, de Alicante", con una celosía de mármol macael superpuesta sobre la fachada real que sirve para proteger al edificio de los vientos cálidos de poniente y que actuará como un aparato de refrigeración de todo el inmueble. La planta del auditorio es horizontal, con una longitud de 120 metros en los que sólo destaca la altura de la cubierta de la sala sinfónica y en la que los listones de la celosía blanca contrastan con la zona de acceso al recinto formada por un zócalo de granito negro.
Negro y blanco en la fachada y negro y blanco en el interior del edificio con toques de madera. "El blanco", explica García Solera, "es por la luz de Alicante y el negro es un homenaje a los músicos, un intento de conjuntar la decoración del edificio con la orquesta cuyos integrantes siempre van vestidos de negro". La mayor parte de las paredes y techos son blancas; el suelo será de granito negro, y la madera aportará calidez en dos grandes placas en el vestíbulo central que servirán de separación y de amortiguador del sonido. De madera, de nogal americano concretamente, será también el techo de la sala sinfónica, así como el fondo del escenario en el que se instalará un panel de madera de oro envejecido "para que se complemente bien con el color de los instrumentos de los músicos". La sala sinfónica, la principal dependencia del auditorio, podrá albergar a 1.500 espectadores, mil de ellos en butacas y el resto en palcos y en el anfiteatro. Las butacas, a juego con el resto, serán blancas tapizadas con terciopelo negro. Además de los palcos, diseñados en cascada, en esta sala destacará la iluminación de la escena, por medio de numerosas luces colgadas que darán la impresión de conformar un techo más bajo.
Uno de los aspectos más cuidados de esta sala será la acústica. Para garantizar que se podrá escuchar la música "con excelencia", como señala García Solera, el arquitecto se ha dejado asesorar por los mismos especialistas que se encargaron de la acústica del Palau de Valencia y del Auditorio Nacional, entre otros, "y esperamos que los resultados sean excepcionales". En este sentido, el arquitecto señaló que el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, "ha querido que las cosas se hagan bien y que podamos ofrecer conciertos en las mejores condiciones".
Otras dependencias importantes del auditorio serán la sala de música de cámara con aforo para 400 personas, una sala de conferencias para 240 y una de coloquios de 165 plazas formadas por gradas redondas y cuyo diseño se ha llevado a cabo, según el técnico "pensando por ejemplo en los alumnos de un colegio que vengan a ver un concierto y que luego participen en un coloquio sobre música y puedan aprovechar así mejor la experiencia".
Otra de las dependencias de las que más satisfecho está el arquitecto es el gran hall del edificio en el que destaca una gran escalera blanca de tres metros de ancho que da acceso a la segunda planta, así como el conjunto de luces que, al igual que en la sala sinfónica, colgarán a media altura "formando como una veladura que dará luz, brillo y transparencia al recinto". La escalera, además de al anfiteatro, servirá para acceder a un área de espera "donde se puede tomar una copa después del concierto".
Pero, además de estas dependencias, las más espectaculares y visibles del inmueble, el auditorio contará como toda una infraestructura de camerinos, salas de ensayos tanto para la orquesta como para el coro y los solistas, dependencias para prensa y protocolo, un restaurante con acceso desde la calle, un aparcamiento exterior, áreas de descarga de material, de montaje, de carpintería, oficinas y salas de reuniones, con un pasillo que separará la zona pública y la de servicios que ya está levantada en Campoamor.
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