JUANJO GARCÍA GÓMEZ
El último proyecto que ideó el ex presidente de las Cortes, Julio de España, desestimado por la actual titular de la Cámara, Milagrosa Martínez, aún costó un ojo de la cara a la institución. La construcción de dos salas acristaladas, a modo de pecera, en la segunda planta del hemiciclo del Parlamento, con el fin de que los ciudadanos que visiten el Legislativo pudieran ver cómo trabajaban los diputados, fue paralizada en septiembre de 2007 por decisión de la actual Mesa de las Cortes, una vez las obras habían ya comenzado. Lo que no había trascendido es el coste de la decisión.
La Cámara abonó a la firma adjudicataria -la UTE Mayve, Alcuba y Reycons- nada menos que 48.000 euros por los trabajos de acopio de materiales y las obras iniciadas, aunque, visto de otra manera, la institución se ha ahorrado 121.000 euros, ya que el importe de la adjudicación para unas salas carentes de utilidad ascendió a 169.140 euros. La simple ubicación de estos despachos transparentes en una zona no transitada por los parlamentarios hacía improbable que éstos celebraran reuniones en ellas. Por otra parte, a los diputados no entusiasmaba nada la idea de estar expuestos a las miradas de los visitantes mientras trabajaban. La idea de las salas acristaladas la vieron miembros del órgano rector en la anterior legislatura durante uno de los viajes más excéntricos realizados en ese mandato, el que los desplazó hasta Escocia.