MANUEL DOPAZO
Jesús Quesada, el arquitecto que acaba de completar la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) que no pudo acabar Lluis Cantallops al ser despedido por el alcalde, Luis Díaz Alperi, ha asumido las líneas maestras del documento que elaboró el arquitecto catalán. Esta es la interpretación del calificativo de "conservador" que la concejala de Urbanismo, Sonia Castedo, confirió el martes al documento ahora completado. Por tanto, todo apunta a que se mantienen los rasgos generales del documento de Cantallops, con los planes parciales de Benimagrell y Villafranqueza como actuaciones estrella, con casi 10.000 viviendas, y la forzada exclusión del plan de Rabasa.
El Ayuntamiento de Alicante, y en especial su edil de Urbanismo, Sonia Castedo, mantiene su lucha contra reloj para conseguir el objetivo de que la propuesta de revisión del PGOU pueda exponerse al público antes del 18 de octubre próximo, día en el que concluye la prórroga de seis meses que le concedió la Consellería de Urbanismo para evitar que la caducidad del denominado "concierto previo" obligue a reiniciar prácticamente de cero la redacción de un documento que se adjudicó a una firma dirigida por Cantallops en 1999.
Del documento al completo, que ahora tiene que ser revisado por los técnicos municipales antes de su exposición pública, la edil de Urbanismo no suelta prenda y se limitó a señalar el martes su carácter de "conservador".
Por tanto, todo apunta a que se mantienen como actuaciones urbanísticas estrellas del nuevo PGOU los planes parciales del Camino de Benimagrell, en la Condomina, y de Guijarro-carretera de Villafranqueza, en las proximidades de esta barriada.
Sólo en estas dos actuaciones la previsión de viviendas a construir se aproxima a las 10.000, de las que más de la mitad corresponden al plan parcial previsto en los terrenos situados entre la Santa Faz y la Playa de San Juan.
El resto de actuaciones urbanísticas previstas en el Plan General son muy inferiores e irrelevantes si se comparan con estos dos planes. No se ha incluido en el PGOU el plan parcial El Pino-Ruaya, en fase de tramitación, en el que se prevén más de un millar de viviendas, por existir una sentencia judicial que declara estos terrenos suelo urbano y obliga al Ayuntamiento a autorizar su urbanización y edificación.
El resto de planes urbanísticos son muy inferiores, incluyendo las Lomas del Garbinet, con menos de 500 pisos, para un PGOU que prevé menos viviendas que las 15.000 contempladas en Rabasa.
Por lo que respecta al suelo industrial, las previsiones son más generosas, ya que Cantallops fijaba un incremento de más del 50 por ciento de los terrenos destinados a acoger instalaciones industriales y todo apunta a que este suelo se mantiene en el documento completado por Quesada, dada la necesidad de este suelo que precisa la ciudad. Por tanto estaríamos hablando de 3,5 millones de metros más, frente a los 6,5 millones existentes, en el entorno de las Atalayas y Pla de la Vallonga.