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HEMEROTECA » |
J. HERNÁNDEZ Desde el diseño a la programación, todo se hace con el sistema digital. A la hora de disparar el castillo se utiliza la máquina y no queda nada manual", explicaba ayer Carlos Granados Martí, que se encarga de manejar el ordenador de la pirotecnia Martí, de Burriana (Castellón), que regenta Reyes, su madre.
El ordenador permite hacer primero en el taller pruebas de los colores e incluso nuevos "aunque es difícil que se vean en el cielo" así como estudiar las carcasas y sus sonidos, y ya sobre el terreno, como anoche con el castillo que esta pirotecnia lanzó desde la playa del Cocó, posibilita a los trabajadores algo que antes no tenían: seguridad. Gracias al sistema digital nadie se acerca a menos de cien metros de la zona donde estás colocados los fuegos mientras estallan, "y los hace diferentes, porque aunque el material sea tradicional, el ordenador permite controlar mejor la cadencia, que tradicionalmente era muy complicado. Hace 20 años se cortaban mucho los fuegos", algo que se evita con el control remoto.
El pirotécnico que maneja el ordenador tiene la posibilidad de "darle cuando quiero, con secuencias programadas. Le doy si se apagan los fuegos, lo que evita entrar con la mecha para volver a encenderlos. La disposición de espacio es más homogénea y el ritmo es mejor".
El equipo de la pirotecnia Martí trabajó ayer durante tres horas para montar un castillo de 18 minutos y medio con 500 kilos de pólvora y un total de 750 disparos. Los alicantinos que se dieron cita a medianoche en la playa del Postiguet pudieron disfrutar de cuatro grandes palmeras doradas y cascadas en blanco, un conjunto muy espectacular con una duración de tres minutos porque, pese a ser un clásico, es el motivo que más triunfa. También dispararon carcasas con cinco cambios de color -turquesa, magenta, limón, azul y rojo-, "muy llamativa, porque cuando está formada en el cielo cambia de tono hasta que desaparece. Y como parpadees te lo pierdes". Lanzaron hexaedros, "como una flor con pétalos muy grandes que no se tira nunca aquí", y para abarcar todos los gustos el castillo fue aéreo y terrestre al 50%, "muy bien coordinado y ni valenciano ni italiano, una combinación, quizás más a medio camino entre lo japonés y lo italiano", países también muy avanzados en el universo de los fuegos artificiales.
Entre los aéreos, además de palmeras, sorprendieron las lentejuelas y la sección de "cartas", una especie de mosaico de colores que caen desde el cielo al mar y dejan una estela de color suspendida en el aire. Y entre los acuáticos, dispararon cuatro carcasas de gran calibre que crearon sobre el agua un abanico de color espectacular.
Los pirotécnicos de Martí explicaron que en su trabajo ha habido una evolución y que "ahora estamos a ver quién dispara mejor con lo que tiene. Hemos pasado de la cantidad a la calidad, por lo que se ha reducido el material de importación para exhibir lo propio, mayoritariamente fuegos de fabricación casera".
El próximo castillo grande que tiene por delante esta pirotecnia es el 15 de agosto en el concurso internacional de las fiestas de San Sebastián y para años venideros están "en proyecto" de disparar en China y Corea porque de momento no han realizado exhibiciones en Oriente, sólo en Portugal y México. Esta medianoche disparará desde el Cocó la pirotecnia Ferrández, de Redován.
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