J. A. BLAY. VALENCIA
Fue una jornada de gestos, unos buscados, otros espontáneos y también algunos premeditados. Pero todos ellos significativos, con mensajes para quien quisiera captarlos. Con todo, el primer día del congreso no regeneró las tensiones vividas en el partido hasta hace un par de semanas, lo que no significa que hayan desaparecido totalmente de su subsuelo.
Por la mañana, según el guión previsto, Mariano Rajoy se hizo acompañar por su nuevo equipo en la habitual visita al recinto donde se desarrolla el congreso. Fue un acto preparado para reforzar la imagen de su liderazgo. Y Rajoy se dejó querer hasta el punto que tomó una cámara de fotos para inmortalizar a quienes le seguían.
Por la tarde, con la apertura formal del plenario y los primeros discursos aparecieron los otros gestos. De entrada, el "crítico" Jaime Mayor Oreja, a la entrada, ya lanzó su particular china: "Este congreso tiene un nombre propio, María San Gil". La dirigente vasca no está presente en el cónclave.
Sin embargo, la nota la dio José María Aznar. Entró con más de una hora de retraso al plenario, justo cuando iba a rendir cuentas el auditor del partido. Todo se paralizó y empezó a sonar el himno oficial del partido ya que es presidente de honor. Y se dispuso a saludar a unos y a otros, fundiéndose con un abrazo con Esperanza Aguirre, la contestataria presidenta de Madrid. Al pasar junto a Rajoy, sin detenerse, le alargó el brazo en una actitud más propia de quien lanza una pedrada. A Fraga apenas le rozó. El auditorio, con más de 2.000 personas, expresó un murmullo que se oyó como una exclamación en medio de la música. Todo el mundo se dio cuenta en ese momento de que aquello no era casual.
El desencuentro entre Aznar y Rajoy quedó plasmado en imágenes -algunos recordaron una imagen similar entre Felipe González y Alfonso Guerra en un mitin en la plaza de toros de las Ventas de Madrid-. Minutos después, tras las palabras de Acebes, en un clima de emotividad por la despedida del secretario general saliente, se reprodujo algo similar. Nadie recordará un abrazo efusivo entre Rajoy y Acebes. Ahora bien, la cosa no pasó más allá de los comentarios entre los compromisarios.