ISABEL VICENTE. VALENCIA
Horas antes del inicio del congreso andaba por los pasillos de la Feria de Valencia la gerente del PP de Alicante, Eugenia Cascales, con cara de resignación porque no va a poder ver a su hija de ocho años desfilando en la Ofrenda de Flores. "Todo el año esperando la chiquilla con una ilusión tremenda y no puedo estar con ella". Y es que la coincidencia del Congreso con las Hogueras de San Juan les ha aguado la fiestas a los compromisarios alicantinos. Algunos, como Eugenia, tienen que quedarse los tres días. Otros, como es el caso del presidente provincial José Joaquín Ripoll, volverán hoy a Alicante después de votar la candidatura de Rajoy y mañana regresarán a Valencia para la clausura. Y otros más, entre ellos el alcalde de Alicante, Luis Díaz Alperi, y los concejales Sonia Castedo y Andrés Llorens, no aparecerán por el congreso previsiblemente hasta esta tarde para votar y regresar lo antes posible a Alicante. "Yo como alcalde -decía Alperi el jueves al mediodía en la Mascletá- tengo muchas obligaciones durante las Hogueras que no puedo desatender y pasa lo mismo con los concejales".
Así las cosas, se echaron ayer en falta en el congreso las caras de algunos alicantinos, pero no de la mayoría de compromisarios del PP de la Comunidad con el presidente Camps a la cabeza y con González Pons como una de las figuras de moda tras su designación como uno de los vicesecretarios en el equipo de Rajoy.
Camps se dio un baño de multitudes. Bueno, uno no, varios. Por la mañana y antes de la inauguración, acompañó a Rajoy junto una exultante Rita Barberá, a visitar las instalaciones del cónclave. Un ejército de periodistas, cámaras y fotógrafos entre carreras y codazos por captar las primeras imágenes del candidato, acompañó a la comitiva por el recinto. A Camps se le vio distendido ejerciendo de anfitrión y, junto a ellos, González Pons, Arenas, Ana Mato y Soraya Sáenz de Santamaría se dejaron fotografiar y besar por los compromisarios que, pese a lo temprano de la hora, tenían hambre de "celebridades". En cuanto a Rajoy, apareció aparentemente tranquilo y de buen humor como si la cosa no fuera con él y no tuviera montada la que tiene en su partido, y no dudó en bromear con los cámaras filmando y fotografiando él mismo a la prensa.
Cuando la comitiva hizo mutis por el foro la tranquilidad volvió al recinto ferial. Tras el paréntesis para comer -por cierto, con alguno de los restaurantes del recinto prohibidos para la prensa-, aparecieron, entre el entusiasmo del general, los principales líderes del PP. Una de las más fotografiadas a su llegada fue la nueva secretaria general María Dolores de Cospedal, con una blusa verde esperanza y vaqueros, "un buen fichaje -tal como se pudo oír en boca de uno de los compromisarios- porque tiene mucho estilo y una sonrisa preciosa", que cada uno valora lo que quiere. Se pudo ver a Ricardo Costa con su hermano Juan, a Fraga saludando sin cesar y a la cúpula del PP esta vez ya sin corbatas, entrando al plenario. Al tiempo, llegaba al recinto el presidente Ripoll y con él, Juan Manuel Cabot, Rosa Ruiz y José Antonio Rovira, entre otros, lamentándose de nuevo por la coincidencia con las Hogueras que les obliga a abandonar el congreso esta tarde para regresar mañana. A su vez, desde Benidorm llegó la diputada autonómica Ángeles Barceló con su hijo Agustín Barceló, que se fotografiaron con el matrimonio Aznar Botella.
Poco después de las cuatro tras la inauguración del Congreso, la presidenta Rita Barberá, de Rojo pasión demostrando una vez más que lo suyo no es un tópico, deseó un congreso "que brille como brilla el sol". Mientras hablaba y los centenares de periodistas seguían su intervención por la pantalla en la enorme sala de prensa, por los pasillos del recinto y en las cafeterías podía verse a un buen número de compromisarios rezagados. Quizá fuera porque en un chiringuito daban horchata gratis. Peor para ellos si se perdieron la ruidosa llegada de Aznar al plenario a mitad de las intervenciones y, sobre todo, el gesto que más comentarios suscitó ayer: la frialdad con la que el ex presidente trató a Rajoy y a Fraga a su llegada. Casi como si no existieran.