C. R. FORNER
Los pasajeros reprochaban ayer al Ayuntamiento la decisión de suprimir el único modo de transporte que les permite llegan al centro sanitario en un tiempo razonable y opinan que, si la línea no resulta rentable, quizás se deba a que está mal planificada y su trayecto es muy corto.
Poco antes de subir a la parada que el 28 tiene en las proximidades del Hospital, Elmitta Kiazzo, explicaba que, si se quita la línea, va a tener que utilizar el taxi -que le cuesta entre siete y ocho euros por trayecto- para ir a rehabilitación ya que usa muletas. "No sólo me quejo por mí, sino por tanta gente que viene con muletas y por las personas mayores que no pueden caminar mucho", apunta esta ciudadana, quien opina la línea sería más competitiva si también circulase por el centro de Alicante.
"A mí me viene horrible que la quiten", señala una joven de 17 años que reside en una urbanización a mitad de camino entre el hotel Hesperia y el Hospital. "Yo utilizo el 28 para poder conectar con el 22 o el 23 ya que los uso para ir a clase, a la playa, a la biblioteca o a cualquier cosa que necesite en el centro. Si lo quitan tendré que andar mucho y no quiero comprarme un coche cuando cumpla los 18, sobre todo con lo caro que cuesta el combustible".
Fe Contreras critica el recorrido actual del 28 "ya que pasa por donde vive menos gente".
Gil Grimaldos, presidente del comité de empresa de La Alcoyana, se opone al cierre de la línea "en la medida en que suponga la supresión de puestos de trabajo". También opina que, si no es rentable, "quizás habría que reconducir la línea para que gente la pueda usar". Grimaldos propone como alternativa prolongar la línea 22.