F. J. BENITO
El Ministerio de Medio Ambiente tiene previsto abastecer con agua desalada a los 500.000 vecinos de los municipios de la comarca de l´Alacantí -sobre el medio millón de habitantes- a partir de 2010, año en el que estarán plenamente operativas la dos desaladoras de Agua Amarga, Alicante I y Alicante II -48 hm3- y la planta de Mutxamel -18 hm3-, facilitando un caudal que permitirá el cese de las extracciones de los acuíferos de Villena que todos los años envía 50 hm3 para el abastecimiento de la franja litoral. La Mancomunidad de Canales del Taibilla ha comenzado las pruebas en la desaladora de Alicante II que comenzará a inyectar agua el próximo verano, una vez reciba la autorización de la Conselleria de Medio Ambiente. El informe de evaluación ambiental no ha tenido ninguna alegación y se espera que la tramitación administrativa finalice en las próximas semanas, según apuntaron ayer fuentes de la Mancomunidad que destacaron, en este sentido, "la excelente relación que existe con la administración autonómica". Uno de los acuíferos que se beneficiará directamente de la puesta en marcha de las desaladoras del Programa Agua será, según la documentación remitida por Medio Ambiente a Bruselas -requisito para que la UE subvencione los proyectos- el Yecla-Villena-Beneixama, donde captan caudales Aguas de Alicante y la Sociedad del Canal de la Huerta y del que Danone extraerá hasta 0,7 hm3 al año para embotellar agua de la marca Font Vella.
La Mancomunidad de Canales del Taibilla, propietaria de las dos plantas de Agua Amarga, se ocupa desde hace más de cincuenta años de garantizar el abastecimiento urbano de seis municipios de la provincia -Alicante, Elche, Santa, Pola, San Vicente, Aspe y Hondón de las Nieves que forman parte de la cuenca del Júcar, pero que han estado desatendidos e, incluso, hoy en situación de alegalidad desde que una sentencia del Tribunal Supremo eliminara parcialmente en 2004 el plan de cuenca del Júcar. El Taibilla envía todos los años una media de 45,5 hm3. Una cantidad de agua que hasta 2003 llegó directamente del trasvase Tajo-Segura, que hoy se comparte con los aportes de la desaladora Alicante I y que a partir del próximo verano se reforzará con la puesta en servicio de la planta Alicante II. "Precisamente, la laguna legal que existe desde 2004, con una sentencia que prohíbe que el Segura abastezca a estos municipios del territorio Júcar, hizo que el Gobierno, optara, entre otras cuestiones como la necesidad de tener autonomía frente a la sequía, por la construcción de desaladoras que van garantizar el suministro para siempre", indicó ayer José Salvador Zorita, presidente de la Confederación del Segura, para explicar las razones por las que las plantas de Alicante, la que se construye en Torrevieja y la licitada en Mutxamel-El Campello son clave para solucionar los problemas de abastecimiento urbano y, de paso, para liberar caudales del trasvase Tajo-Segura para poder revertirlos en la agricultura.
"De los 29 años de funcionamiento del Tajo-Segura sólo en una ocasión se han podido trasvasar los 600 hm3 anuales a los que tienen derecho por ley", aseveró.
El Taibilla necesita anualmente 120 hm3 del Tajo para cubrir las necesidades de agua para beber en Alicante y Murcia. La Mancomunidad estima que cuando estén todas las desaladoras en marcha -2010- contará con un caudal de agua desalada de 166 hm3 que automáticamente se podrán descontar del que llega hoy. "No obstante el Tajo-Segura seguirá siendo necesario, para la agricultura e incluso unos 70 hm3 al año para uso urbano.
Alicante II potabilizará 65.000 m3 de agua al año que se elevarán hasta un depósito en Fontcalent donde se incorporará al Canal de Alicante. Fuentes del Taibilla calculan que sólo el caudal de esta planta sirve para abastecer a una población de 350.000 habitantes y ha supuesto una inversión de 96 millones. El precio del agua a pie de planta será de 0,5 euros el metro cúbico y sólo en situaciones puntuales -verano- está previsto que se mezcle con otro tipo de aguas para amortiguar los efectos del boro, metal pesado que aparece en el proceso de desalación y cuya concentración no debe superar el miligrámos por litro, según la UE.