ÁFRICA PRADO
Alex y Josué llevan más de un año viviendo en una antigua fábrica destartalada no muy lejos del centro donde comparten espacio con otros dos extranjeros; el quinto inquilino, un joven español, falleció por sobredosis el mes pasado y aún siguen allí algunas de sus cosas. Desde entonces, la Policía les visita con frecuencia y les invita a salir de allí, pero ellos no encuentran otro acomodo adaptado a sus posibilidades, sin molestar a nadie y viceversa. No tienen luz pero han ideado un sistema para ducharse, hasta con agua caliente cuando hay sol. Dentro de su organizado micromundo, cocinan en una pequeña lumbre sobre un suelo lleno de peligrosos agujeros, mayores que los del techo por los que se filtra la lluvia, pero que al menos no se inunda.
No siempre ha sido así, Álex antes vivió en una casa alquilada y ha trabajado de mecánico en varios concesionarios. Su suerte cambió y ahora sobrevive en una fábrica fantasma: "Me repugna vivir en la calle, me sienta mal, me deprime -explica el joven ruso-. Espero irme un día a Noruega a trabajar en una plataforma petrolífera". Su compañero, de origen mexicano, confía en reunir dinero en un año para volver a Canadá. Viven de pequeños trabajos y ambos reciben atención básica en Cruz Roja.
En Villafranqueza, una vivienda en ruinas aún tiene rastros de anteriores moradores y dos cachorros esperan la vuelta de su dueño tras una puerta sobre la que se lee una amenaza dirigida a quien ose llevarse a los perros.
En el barrio de Los Ángeles, Antonio y Mari Carmen encontraron hace un mes un techo en una pequeña oficina de una nave en ruinas, junto a otros gorrillas y algunos toxicómanos; también han vivido en la casa de Garbinet, hoy derruida, y también son conocidos por la policía. "Es de pena donde vivimos pero hacemos lo que podemos; si nos tiran buscaremos otro sitio", afirman. Nunca se han dirigido a los servicios sociales.
La Concejalía de Acción Social considera que los casos de la Estación de Murcia y Garbinet son aislados, aunque no niega que existan otros lugares de concentración de indigentes de los que dice no tener constancia. Alegan que su equipo de intervención atiende al año a 300 personas en la calle y acoge a 1.500 en el albergue. El grupo municipal socialista ha pedido en dos ocasiones una lista de edificios en ruinas o en mal estado para evitar tragedias como la de Garbinet.