CLARA R. FORNER
V
arios factores se han unido en contra de los comerciantes de las avenidas de Jijona, Alcoy y de otras calles del entorno del paseo de Campoamor. El más importante ha sido el cambio de ubicación del mercadillo, pero también han repercutido en sus negocios varias obras en la zona, sobre todo las del futuro auditorio. Y todo ello, agravado por la crisis económica general. En consecuencia, hosteleros y comerciantes hablan de pérdidas entre un 30 y un 80%.
Francisca Martínez, panadera de la avenida de Jijona, asegura que "el cambio se ha notado a peor porque un día de mercadillo había movimiento y equivalía a tres días normales ya que venía gente hasta de San Juan y El Campello y, en cambio, este barrio está cada vez más obsoleto porque lo que más queda es gente mayor. Ahora se nota tristeza en las calles". Una clienta, Visitación Maciá, opina que "esto es un cementerio" y se pregunta: "¿A quién hacía daño el mercadillo?". Las dos mujeres critican el edificio que se está construyendo junto a la avenida de Jijona y que forma parte de las obras del auditorio pues explican que, al ser una pared prácticamente lisa y carente de puertas y ventanas, "es un muro que nos aísla".
Diego Merlos Pérez, de la cafetería "La Xiqueta", cuenta que "esto va muy mal porque la clientela se ha reducido a más de la mitad". También Juan Miguel Pérez, del bar "La Manchega" señala: "Nos han hecho polvo porque han vestido un santo para desmadrar otro. El barrio que ha quedado desierto, fatal".
La situación es especialmente dura para José Fontfría, de Tecni Arranz, pues sólo hace cuatro meses que abrió su tienda y ahora se le han juntado el traslado del mercadillo y unas obras en su calle. Primero levantaron la calzada y ahora le han comunicado que van a empezar a trabajar sobre la acera. "Cuando abrimos todo iba muy bien, incluso arrancamos muy fuerte para las expectativas que teníamos, pero de repente se ha quedado todo en nada. Es un caos e incluso puede que tengamos que cerrar porque no tenemos respaldo económico", explica José Fontfría.
Auditorio
Los comerciantes coinciden en la necesidad de realizar una campaña de promoción de la zona para compensar el cierre del mercadillo, pero no pueden hacerlo al carecer de una asociación que les represente y que pueda organizarla.
En cambio, el concejal de Comercio, Antonio Sobrino, cree más necesario que algunos locales, sobre todo los de hostelería, se adapten a las nuevas necesidades que generará el auditorio. Para ello se muestra dispuesto a "declarar esas calles como zona especial" el próximo año de cara a la concesión de ayudas para la reforma de negocios. El edil confía en que el futuro centro municipal de las Franciscanas y, sobre todo, el auditorio reactiven la zona pero también cree necesario que los vendedores se asocien.