PERE ROSTOLL
L
a perfecta anfitriona del acto que el PP montó ayer para mantener viva la llama del conflicto hídrico, la alcaldesa de Orihuela, Mónica Lorente, comparó a los tres centenares de alcaldes y cargos públicos populares de Andalucía, Murcia y la Comunidad que acudieron ayer a la Vega Baja para volver a reivindicar el trasvase del Ebro con los valerosos soldados espartanos que, en número similar, defendieron el paso de las Termópilas de los Persas. Pero en la capital del agua -como definió Lorente a Orihuela- había un espartano más: Luis Vicente Mateo, alcalde socialista de Benferri, dispuesto a apoyar la reivindicación no sólo de la conducción desde el Ebro a la Comunidad Valenciana sino también, dijo, "la interconexión de todas las cuencas del Estado".
Luis Vicente Mateo, una de las voces socialistas discordantes durante los últimos años con la política hídrica de Zapatero, siguió los discursos desde el fondo de la nave central de la Lonja oriolana. Si la organización del acto se hubiera percatado antes de su presencia hasta hubiera ocupado, seguro, un lugar destacado en la primera fila junto a la plana mayor de los populares encabezados por Francisco Camps, el particular Leónidas del PPCV. No fue así. Pero eso sí, el primer edil socialista aprovechó para hacerse fotos con dirigentes del PP como Joaquín Ripoll o el conseller García Antón, y hasta repartió una suerte de manifiesto que traía preparado de casa de su puño y letra. En el documento argumentaba su presencia en el acto al estar convencido, apuntó, de que "cualquier alcalde debe hacer lo posible para que se resuelvan los problemas del agua" y reivindicó el trasvase del Ebro porque "la desalación, y de eso tenemos experiencia en Benferri, no favorece la agricultura". Mateo aseguró que numerosos dirigentes socialistas comparten su opinión y pidió un pacto del agua entre los grandes partidos.
Mientras, en el escenario que se había instalado en la Lonja, se sucedían los oradores, hasta nueve en un interminable desfile de actuaciones con el mismo hilo argumental que mueve al PP desde hace cinco años: agua, agua y más agua. Agua hasta ahogarse o agua hasta el "infinito", tal y como dijo el presidente Camps, parafraseando a Buzz Lightyear, el famoso personaje de "Toy Story", una de las más conocidas películas de la fábrica de Disney. Un Camps que volvió a dejar, como ocurrió en las últimas elecciones, que el andaluz Arenas y el murciano Valcárcel -los tres padrinos de esta plataforma de alcaldes-, por ese orden, cerraran el acto. Cosa de cortesía.
Más allá de la inundación que volvió a provocar ayer el PP en Orihuela, el acto tuvo su clara lectura política. Y nada menos que triple. Primera conclusión: Camps, Arenas y Valcárcel volvieron a dar apoyo, aunque indirecto, a un Rajoy que estuvo en espíritu pero que fue aplaudido con una intervención estelar, prometiendo agua para todos, en el vídeo que se convirtió en pieza central del acto. Segundo: Camps acelera. El jefe del Consell volvió a organizar otro acto en Alicante y, precisamente, en uno de los feudos que restan bajo control de Ripoll. Y tercero: el agua favorece las treguas. Campistas y ripollistas acudieron al acto con una causa común. Eso sí, estuvieron juntos pero no revueltos. Pero acudieron todos. Estaba la dirección regional, la provincial y la práctica totalidad de los alcaldes del PP en las comarcas alicantinas, estén alineados con Camps o con Ripoll. Así hasta trescientos. Lo único a lo que sólo aludieron de pasada fue al desenlace de la batalla de las Termópilas. Los espartanos cayeron como héroes pero, al fin y al cabo, cayeron.
"Solidaridad... con el Valencia"
Al margen de Camps, de su homólogo Valcárcel -que emuló ayer los memorables plantones de Julio de España y se retrasó en casi media hora- y del presidente del PP andaluz, Javier Arenas, durante la convocatoria también tomaron la palabra los alcaldes de las capitales de provincia. Y en eso llegó Rita Barberá, la eterna alcaldesa de los populares en Valencia, para pedir "solidaridad... con el Valencia que se juega todo dentro de una hora", dijo al hilo de la situación de un conjuntó ché que está a las puertas del descenso. Y luego Alperi, que se trasladó hasta Orihuela acompañado de Sonia Castedo, subió a la tribuna, al menos esa fue la impresión que trasladó, como enfadado. Eso sí, pese a las formas duras, empezó hablando de lo que puede ser más le apasiona de su gestión: la construcción. A lo suyo. "Hace un año ya alerté de lo que ocurriría con las críticas de los socialistas a lo que llamaban el ladrillo depredador", apuntó el alcalde Alperi para luego, faltaba más, seguir con el agua.