J. A. GIMÉNEZ
H
ubo un error de diagnóstico en el curso del postoperatorio. Así consta en el informe forense que el director del Instituto de Medicina Legal de Alicante, Rafael Bañón, elaboró sobre el caso de Antonio Sánchez Chorro, el joven que murió tras someterse a una operación de reducción de estómago a manos del cirujano José María Rubio Cerdido. En la segunda jornada del juicio comparecieron ayer los forenses que efectuaron la autopsia al cadáver del joven, que tenía 27 años cuando falleció el 14 de enero de 2005, once días después de la intervención. En su valoración se concluye que el paciente sufrió una "peritonitis aguda, crónica y difusa" y presentaba una hemorragia en la cavidad abdominal, proceso que "es fruto de una evolución".
Aunque el Instituto Nacional de Toxicología no observó que se hubiera producido una actuación médica inadecuada, los peritos subrayaron ayer que sigue sin estar claro el origen de la afectación de la cara anterior del estómago y el sangrado. De hecho, según el informe emitido el 4 de marzo de 2005 por Rafael Bañón, que ayer ratificó en todos sus puntos, la muerte del joven se produjo por una combinación de la infección y el citado sangrado.
El forense no descartó que la hemorragia se produjera por una lesión vascular al colocar la anilla gástrica. Bañón explicó que una peritonitis, dependiendo de la causa que la origine, puede ser "fulminante", si bien una peritonitis infecciosa "necesita un mayor tiempo de evolución". Al mismo tiempo señaló que la fiebre, los dolores, producción de pus y vómitos que refirió el paciente tras ser operado son síntomas propios de una peritonitis.
El acusado, que fue diputado en Alicante y vicepresidente de la institución provincial, sólo detectó un abceso de pared, lo que, a juicio de Bañón, "quizá enmascara las otras cosas". A preguntas de la acusación particular, el forense explicó que la hemorragia se produjo durante varios días y "debió ser apreciada". En este sentido, su informe apunta que "la sospecha obligaba a una conducta distinta a la que se llevó a efecto". Se produjo, en suma, un retraso en el diagnóstico que hizo imposible que el paciente se pudiera recuperar del shock séptico que acabó con su vida. Bañón precisó, al igual que hizo Rubio el día anterior, que "a toro pasado es fácil torear", pero dejó claro que "con más energía, con más intervencionismo, es posible que el resultado fuera otro".
Distintas teorías
La teoría del forense es que el sangrado se originó en la primera intervención quirúrgica, desencadenando el hematoma intraabdominal, la infección y la sepsis. En cambio, la versión defendida por Rubio es que hubo una infección externa, la que él detectó, que luego habría pasado al interior, originando la sepsis y, por último, el sangrado. En cualquier caso, Rafael Bañón aseveró que hubo "un retraso en la aplicación de los elementos terapéuticos" porque el cirujano "se confundió", un error que consideró "comprensible" y que no cree que sea "punible penalmente". Con todo, el forense dejó claro que de haber sido operado el paciente cuando fue ingresado cinco días después de recibir el alta podría haber sobrevivido.
La sesión de ayer contó con las declaraciones de otros peritos, propuestos por la defensa de Rubio, entre ellos el especialista en gastroplastias Aniceto Baltasar, quien cerró filas con quien el día anterior declaró haber sido discípulo suyo.