El proceso de constitución de la Unión Europea no puede ser una realidad creíble mientras los únicos criterios que se consideren para su realización sean los estrictamente económicos y comerciales. Esa es la razón por la que todos los países de la Unión Europea han adaptado sus estudios universitarios, de manera que lo realizado en cada país pueda ser reconocido sin dificultad (cosa que hasta ahora no era así); en toda la Unión Europea, y los titulados universitarios europeos tengan un marco de referencia común para todos sus países miembros, lo que permita libertad de movimiento y de reconocimiento profesional. En España, ese proceso de adaptación todavía no se ha llevado a cabo, y ello debido a la ineficacia de nuestros gobernantes pasados, pero la fecha de septiembre de 2010 se cierne inexorable sobre todas las universidades españolas como límite máximo en el que iniciar la andadura en el Espacio Europeo de Educación Superior. A pesar del retraso con que nuestros gobernantes nos han dotado de normativas al respecto, la universidad española, en general, ha acogido la oportunidad que supone confeccionar nuevos títulos y planes de estudio con gran deseo, pues hay mucha esperanza en hacer realidad que la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior sea también una adaptación a la modernidad y mejora de los planes de estudio y, fundamentalmente, de lo que ello implica: la cualificación óptima de los titulados universitarios, su mejor inserción laboral, la capacitación profesional de los mismos, y el liderazgo social, a través del conocimiento y el estudio, que la comunidad requiere. Todo ello supone que el nuevo equipo de gobierno que, tras las próximas elecciones del 22 de abril, dirija la Universidad de Alicante deba liderar de forma rápida y diligente el proceso de elaboración e implantación de nuevas titulaciones y nuevos planes de estudio.
La palabra crisis no está bien valorada por los ciudadanos, pues tienden a identificarla negativamente con el significado de «situación difícil y comprometida», e incluso con la idea de «escasez, carestía o desastre». Pero la palabra crisis tiene también otros significados. En un discurso de 1959 en Indianápolis, John F. Kennedy comentó que, en chino, la palabra crisis se compone de dos caracteres, uno significa «peligro» y el otro significa «oportunidad». En realidad, se trataba de un modo poético y memorable, más que lingüístico, de explicar un concepto muy útil. No obstante, crisis también puede expresar un momento crucial, un instante crítico en el que hay mucho en juego, el futuro es incierto, y no hay vuelta atrás. Eso significa tanto peligro como oportunidad, de forma que el comentario de Kennedy fue, en esencia, apropiado. Por tanto, si tuviéramos esa visión más amplia de la palabra crisis, podríamos decir que la universidad española se halla en estos momentos en una situación de crisis, pues nos encontramos en un momento decisivo ante la adaptación de los estudios universitarios al Espacio Europeo de Educación Superior y, según como afrontemos esa crisis, habrá peligros para su resolución, o será una oportunidad para mejor encarar los años venideros y la sociedad futura.
El mayor peligro reside a menudo en evitar por completo las crisis, lo cual suele significar únicamente posponerlas. Esto es lo que hizo el Gobierno de José María Aznar, posponer la reestructuración de los estudios universitarios. El Gobierno de Zapatero no ha tenido posibilidad de posponer dicha reestructuración, afortunadamente. En la Universidad de Alicante, la reestructuración y adaptación de estudios se ha utilizado como excusa para adelantar las elecciones a rector pero ello, realmente, lo que ha supuesto es un retraso en la toma de decisiones necesarias.
Hay, evidentemente, más peligros: existe el peligro de que los estudiantes no entiendan la oportunidad que se les presenta delante, porque acaben confundiendo la adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior con un proceso de pérdida de posibilidades debido a los falsos modelos creados. Existe el peligro de que el profesorado no se implique en el cambio de funcionamiento de los nuevos estudios, debido a una falta de motivación y recompensa. Existe el peligro de que el personal de administración y servicios no vea reconocido su crucial papel en el nuevo diseño universitario. Existe el peligro de que las autoridades universitarias no sepan explicar, transmitir ni aplicar las ventajas y la necesidad del nuevo modelo educativo. Existe el peligro de que los distintos gobernantes políticos no lideren la adaptación y cambio de modelo universitario con una propuesta de financiación adecuada que permita su real implantación. Y existen muchos más peligros, como en cualquier aspecto crucial de la vida humana.
No obstante, las oportunidades que ofrece el nuevo modelo de Espacio Europeo de Educación Superior son mucho más fuertes que los peligros, y de que esas oportunidades se conviertan en logros debemos responsabilizarnos todos los implicados. Al estudiante se le ofrece la oportunidad de unos estudios con reconocimiento internacional inmediato, unos estudios adaptados a un mundo distinto tecnológicamente al de hace apenas 25 años, unos estudios adaptados a las demandas de una sociedad que requiere profesionales preparados para un mundo laboral competitivo, unos estudios adaptados a una sociedad necesariamente más solidaria y humana, unos estudios adaptados al siglo XXI desde los valores perennes de la tradición cultural y científica del conocimiento, unos estudios que garanticen la formación óptima de especialistas al tiempo que fomentan la capacitación multidisciplinar, unos estudios que permitan ser el inicio de una vida adulta digna y ejemplar. Al profesorado se le ofrece la oportunidad de culminar docentemente todo lo avanzado en investigación en los últimos años, que ha sido extraordinario, se le ofrece también la oportunidad de superar modelos caducos de enseñanza repetitiva, y se le ofrece la oportunidad de ejercer más dignamente la que es su vocación de enseñante. El personal de administración y servicios tiene la oportunidad de hacer que el nuevo modelo universitario funcione, y de que se reconozca su papel de guía imprescindible en el mismo. Las autoridades universitarias tienen la oportunidad de conducir la elaboración de nuevos títulos y nuevos planes de estudio con el estudiante y la sociedad futura como ejes de los mismos. Nuestros gobernantes políticos tienen la oportunidad de que creamos en ellos, porque nos den las herramientas que nos permitan llevar a cabo la adaptación. Y a la sociedad se le ofrece la oportunidad de demandarle a la universidad que revierta en ella todo lo invertido, en forma de buenos profesionales, en forma de modelos de conocimiento, y en forma de modelos de sociedad. Yo no tengo dudas de que las oportunidades se convertirán en logros, porque otra universidad es posible. o