J. E. M. / REDACCIÓN
El PP y el Consell reaccionaron ayer en bloque y como un resorte contra el proyecto de trasvase de agua del Ebro para consumo humano desde Tarragona a Barcelona. Con el presidente de la Generalitat Francisco Camps a la cabeza, los populares denostaron la iniciativa y acusaron al nuevo Gobierno de "humillar" a la Comunidad por denegarle lo que ahora autoriza para Cataluña. Camps anunció que no va a permitir la autorización del trasvase y, para ello, pondrá en marcha cuantas iniciativas "hagan falta", entre las cuales contempla manifestaciones "a la escala que correspondan". Las palabras de Camps fueron secundadas y amplificadas por consellers, concejales del PP y por la nueva portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, así como por la asociación afín de agricultores Asaja-Alicante
"No voy a admitir la humillación que significaría que lo que no se permite para nosotros se permita para otros territorios de España", aseveró Camps, al tiempo que añadió que una cosa "es el desprecio a los valencianos de Zapatero durante estos cuatro años, pero no voy a permitir la humillación a los ciudadanos de la Comunidad, de Murcia y Almería que significaría que el agua sea buena para unos españoles" pero "no sea buena para otros españoles".
El jefe del Consell prosiguió en el mismo tono dramático y victimista tras presidir la primera jornada interparlamentaria celebrada por los populares de la Comunidad en Valencia: "Nadie en esta tierra se arrodillará ante decisiones de semejante calado y tan injustificadas como la que presumiblemente, de forma callada, además, va a hacer el Gobierno de España". Camps incidió en que a los valencianos "se nos ha dicho por activa y por pasiva" por parte de Zapatero, el Gobierno socialista y el PSPV que el trasvase de agua del Ebro "era inviable y que por eso se derogó hace ahora exactamente cuatro años en la primera decisión política del Gobierno socialista mediante un decreto ley aprobado por el Consejo de Ministros". A renglón seguido, dijo que quería escuchar ahora al "grupo de corifeos" que apoyó esta decisión: "Si se produce el trasvase del agua del Ebro, bien sea desde cualquier río de la cuenca hidrográfica o bien sea desde el propio lugar donde el Ebro vierte el agua al mar; quiero escucharles igual, porque sería una auténtica paradoja, por no calificarlo de otra manera, que hayan estado al lado de los socialistas cuando derogaron el trasvase del agua del Ebro y que ahora que ese agua va a ir otro lugar de España no digan absolutamente nada".