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HEMEROTECA » |
J. HERNÁNDEZ De una vida normal esta familia alicantina ha pasado en apenas cinco años a vivir un infierno e incluso se puede quedar en la calle, ya que no puede pagar la hipoteca de su humilde casa. Todo empezó en 2003, cuando Manuela de las Heras se empezó a cambiar la dentadura y una raíz que se quedó debajo de la prótesis le provocó una gran infección. Su hijo Carlos, de 33 años, recuerda que "tenía dolores muy fuertes, la llevamos al hospital y no sabían qué hacer con ella". Tras varios días le diagnosticaron osteomielitis en la mandíbula, "se le pasó al cerebro y le provocó una isquemia cerebral con infección bacteriana".
La mujer fue operada para liberarle la presión del cerebro tras lo cual pasó un año y seis meses de hospital en hospital. "Cogió infecciones, neumonía, se le retrajeron las manos, perdió un ojo, le operaron tres veces de la mandíbula" pero la secuela principal de la meningitis fue una parálisis facial periférica izquierda. Prácticamente dos años viviendo en los hospitales, lo que obligó a su hijo a pedir una excedencia de su trabajo en la Hermandad Farmacéutica del Mediterráneo, que perderá en junio si no se reincorpora, y de momento no puede hacerlo ya que tiene que cuidar a su madre. El hijo menor de Manuela, de 17 años, ha vivido la enfermedad de su madre desde que tenía 14 y sufrido entretanto la muerte de su padre de un cáncer.
La madre impedida, que hasta enfermar cosía trajes de novia para modistos de la provincia, y los dos hijos tuvieron que conformarse con los 500 euros de la pensión de viudedad ya que, al percibir ésta, no le concedieron la de minusvalía. Tras el alta hospitalaria, la familia recibió la visita de los servicios sociales municipales, que le ofrecieron una ayuda domiciliaria de una hora al día pero la mujer necesita atención permanente y continuas visitas al médico.
El equipo de valoración y orientación de discapacitados de Alicante dictaminó en enero de 2007 que la mujer sufría "hemiplejía izquierda por meningitis de etiología infecciosa" reconociéndole un grado total de minusvalía del 93% y la necesidad permanente de una tercera persona. Con la Ley de Dependencia solicitaron la valoración de la enfermedad de la madre pero la falta de recursos de la misma frena la llegada de la ayuda.
El trabajador social correspondiente visitó a Manuela hace cuatro meses y elaboró un informe dirigido a la Conselleria de Bienestar Social, que hace unas semanas le remitió una carta firmada por el secretario autonómico dictando el reconocimiento de la situación de dependencia. En la misma carta la Conselleria solicita el envío de varios documentos para tramitar el programa de atención individualizada que necesita la mujer y se comprometen a que les visitará una persona de los servicios sociales municipales para concretar la prestación más adecuada a sus necesidades. Sin embargo, su hijo ya se ha informado de que no hay centros públicos especializados para enfermos como su madre y los privados no pueden pagarlos, por lo que con una ayuda económica al menos podrían contratar a un señora y él volver a trabajar.
La familia también ha denunciado una presunta negligencia médica en la atención a la madre al entender que no se corresponde el mal que tenía con su situación actual: en una silla de ruedas, impedida, necesidad de pañales, incapacitación para las tareas de higiene, vestido y demás, y una parálisis facial que dificulta su alimentación.
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