M. CANDELA
P
ara algunos, como para Maravillas Sanjuán Rico, la desaparición de la Caja de Crédito de Alcoy fue un golpe muy duro. Mujer ya mayor y de economía modesta, declaró ayer en la Audiencia que tenía allí depositados 8,3 millones de pesetas. "No tenía más ahorros", manifestó, al igual que hicieron ayer otros antiguos impositores.
Eran 1.500 y hay otras tantas historias, algunas de las cuales se van desgranando poco a poco en el salón de sesiones de la Audiencia. Lucas López depositó casi dos millones -de pesetas; este juicio es todavía en pesetas-, lo que supuso "los ahorros de toda la vida". A la hora de valorar la situación, lo hace con contundencia: "Nos quedamos en la miseria, prácticamente". Su esposa Concha Moral apostilló que "nos dejaron sin nada".
Otro testigo, Rafael Ferrer, el primero que habló en euros en esta vista oral, tenía 4,3 millones de pesetas y también todas sus economías. "Nos dejaron sin dinero", manifestó a preguntas de los abogados. Maravillas Sanjuán, que viajó a Alicante en compañía de su hija, también declaró haberse quedado sin un duro del dinero que había podido ahorrar.
Las últimas en comparecer ante el tribunal en la jornada de ayer fueron Pilar Ortiz y Milagros Reig, las cuales ofrecieron testimonios coincidentes y reveladores en algunos aspectos. Pilar tenía tres millones de pesetas en la Caja de Alcoy, a medias con su marido y en dos cuentas. "No tenía más ahorros", afirmó, repitiendo una frase que fue permanente en las sesiones de ayer. A la salida amplió que "era una reserva que tenía para la carrera de mi hijo, el mayor, que entonces tenía 14 años. Al final la ha podido hacer, pero con mucho esfuerzo. No hay que perder de vista que era dinero de 1993 no de ahora, y que fue un palo".
Curiosamente, Pilar Ortiz recuerda que se enteraron de la suspensión de pagos cuando iban a cenar. "Se nos vino el mundo encima. Yo no había oído nunca la expresión suspensión de pagos. Fue la primera vez", indicó.
Milagros Reig y su familia también perdieron todo el dinero que tenían. Disponía de casi tres millones en ahorros y "nos quedamos sin nada"; además, su marido estaba enfermo por entonces y acabaría falleciendo. Esta antigua clienta de la Caja de Alcoy regentaba un pequeño comercia, que tuvo que acabar dejando cuando la salud de su esposo se resintió. "Pasas por estos tragos y no sabes cómo puedes seguir", comentó.
Un procesado médico atiende
a una testigo
El testimonio de Pilar Ortiz concluyó con un sobresalto mayúsculo, pues esta testigo no se percató de que entre la zona de la sala de vistas reservada al tribunal y la del público existe un escalón, por lo que trastabilló y se fué al suelo. La mujer sufrió un fuerte golpe en una pierna y le costó levantarse y sentarse, todo ello con ayuda. En esos instantes, uno de los procesados, Ángel Llopis Candela, se identificó al tribunal como médico y se ofreció a atender a la accidentada, cosa que hizo. En principio, la afectada no tenía fractura alguna, aunque sí un duro golpe en una rodilla, que no le impidió abandonar la sala con normalidad. El presidente del tribunal, el magistrado José Daniel Mira Perceval, requirió que el incidente constase en el acta oficial del juicio. El incidente se produjo pocos minutos antes de terminar la sesión.