A. TERUEL
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uienes en las últimas semanas hayan pasado por la autovía entre Ibi y Castalla habrán podido observar cómo, ya cerca de esta última población, centenares de calabazas se amontonan a la espera de ir siendo recogidas. De ellas se extrae el preciado «cabello de ángel», un producto muy demandado en estas fechas para la elaboración de todo tipo de dulces. Los alrededores de Castalla son uno de los pocos lugares de España (junto a Valladolid y la zona de Caravaca); donde se cultiva de forma extensiva esta hortaliza, que abastece a todo el mercado nacional.
Juan Ramón Gisbert, uno de los gerentes de la empresa Torres Gisbert, comenta que este año sus 75 hectáreas producirán unos 2 millones de kilogramos. La recolección se realiza poco a poco, y para evitar que mientras tanto se hielen, las calabazas se apilan, de forma que «se resguardan unas a otras». Las fábricas de turrón, repostería, helados y conservas son los principales clientes, que se llevan las hortalizas. Este año, Castalla se beneficia de la caída de la producción en otras zonas, aunque Gisbert señala que, ante la situación económica y al no tratarse de un producto de primera necesidad, se ha detectado un descenso en las ventas.