El desarrollo de la «Ailanthus Altissima» ha sido constante desde que fue introducida en la península en el siglo XVII. Andreu Bonet detalla que fue traída a España por un fraile jesuita con fines ornamentales, y que desde entonces se ha utilizado mucho para esta finalidad. Es una planta que sustituye a la autóctona con mucha facilidad y tiene una gran adaptabilidad para expandirse en zonas húmedas, como las proximidades de los ríos. Dispone de un sistema de raíces muy potente, que puede alcanzar hasta 100 metros de longitud. De ahí que, sin control, sea muy complicado poder atajarla.