Alcoy

San Gregorio de Ostia y San Roque, patronos olvidados

Ambos son protectores de la ciudad desde hace varios siglos por causa de las plagas de langosta y la peste

04.10.2016 | 00:42
San Gregorio de Ostia y San Roque, patronos olvidados

¿Cuáles son los santos patronos de Alcoy? San Mauro y San Jorge, responderá cualquier vecino. Históricamente, sin embargo, las cosas no son tan simples. La desaparición de enfermedades del pasado como la peste o calamidades naturales como las plagas de langosta han facilitado que dos patronos que Alcoy votó en su día como santos protectores hayan desaparecido prácticamente del santoral local o hayan quedado reducidos a patronos de una determinada barriada.

San Gregorio de Ostia era el santo invocado tradicionalmente para combatir las terribles plagas de langosta que arrasaban las cosechas. En Alcoy se apeló a su protección en diferentes ocasiones, hasta que en 1547 una asamblea de vecinos (el consell general) acordó nombrarlo como especial protector de la población. Un siglo después, en 1641, ante la noticia de una nueva plaga de langosta, otro consell general aprobó guardar perpetuamente su fiesta. En 1688, una nueva votación popular acordó que, de forma también perpetua, se realizase una procesión hasta la imagen de San Gregorio, en la ermita de San Mauro, «y que es fasa allí la festa ab missa, sermó y música».

La peste fue le epidemia más temida en siglos pasados. Su aparición provocaba el pánico generalizado. Quienes podían, abandonaban las ciudades antes de la cuarentena y de la clausura de las puertas de las murallas. Hasta huían los propios médicos y los gobiernos locales se veían impotentes para detener la mortandad. Las vías de contagio eran múltiples y, en el caso de Alcoy, una de ellas era la lana infectada que llegaba del exterior para las manufacturas locales.

Ante la amenaza de un nuevo brote de peste, en julio de 1599 el gobierno municipal envió correos a Ontinyent y la Font de la Figuera para tener noticias de la llegada de la epidemia y para recibir instrucciones de las autoridades del reino. Para impedir el trasiego de gentes y mercaderías se tomó el acuerdo de tapiar algunas entradas a la villa. Sin embargo, a pesar de todas estas precauciones, la epidemia traspasó el cordón sanitario y se extendió desde Ontinyent hasta Alcoy. Para asistir a los enfermos, se acondicionó una casa fuera de las murallas, que encalaron para desinfectarla (de ahí el apelativo de la casa blanca, que después dio nombre a la calle). La necesidad de una protección divina se tornó indiscutible ante un contagio mortífero. El propio arzobispo Juan de Ribera autorizó a que los pueblos en peligro pudiesen votar un patrono protector. En Alcoy, tal como había recomendado Ribera, se decidió votar un santo patrono protector contra la peste. El 2 de abril de 1600, ante la asamblea general de vecinos, fue sacado a suertes San Roque como patrono protector, a quien se le prometió celebrar perpetuamente su fiesta como de precepto cada 16 de agosto, hacer una procesión a su ermita y allí oficiarse misa solemne.

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