REPORTAJE. NUEVA CRISIS SANITARIA EN ALCOY
J. LL. A.
Desde un principio, cuando en 1999 se detectaba en Alcoy el primero de los 14 brotes de legionela, la Conselleria de Sanidad atribuyó el problema a los sistemas de refrigeración; tanto industriales como de uso particular. Se señalaba que estas instalaciones, al llegarles agua infectada, difundían la bacteria por el aire y provocaban las oleadas de contagios.
Durante los seis años en los que la ciudad sufrió brotes continuados, las autoridades sanitarias situaron todos los focos en este tipo de instalaciones, descartando desde un principio cualquier relación con la red de agua potable. Los equipos de grandes industrias y de establecimientos comerciales o de ocio fueron responsabilizados de esta crisis sanitaria. Sólo en una ocasión, en el caso de La Estambrera, se dio el nombre de la firma acusada.
Toda la estrategia de la lucha contra la legionela se centró en la vigilancia de este tipo de equipos. Se establecieron fuertes sistemas de control y planes de limpieza periódicos que supusieron importantes inversiones para las empresas, muchas de las cuales decidieron prescindir de estas instalaciones de riesgo para evitar el fuerte desembolso económico.
Paralelamente, mientras en la ciudad se sucedían los brotes, surgía un sector crítico, que cuestionaba abiertamente la doctrina oficial. Especialistas en epidemiología y partidos de la oposición denunciaban que la falta de efectividad de las medidas preventivas confirmaba que la Conselleria estaba fallando en sus objetivos. Crecía el número de personas que apuntaban hacia la red de aguas potables como causante último de esta crisis sanitaria. Se exigían estudios en profundidad, con el fin de despejar las numerosas incógnitas.
Esta polémica se cerraba temporalmente en 2005, cuando se interrumpía la sucesión de brotes epidémicos. Ayuntamiento y Consell manifestaban que el final del problema ratificaba que sus estrategias de control eran correctas. Desde la Alcaldía se dedicaron duros ataques a los partidos de la oposición, acusándolos de usar políticamente un tema ya agotado.
La reaparición de la legionela durante este mes de agosto, con un brote con once afectados y un fallecimiento, volvía a reabrir el debate. En este caso, se producía un elemento novedoso: el foco de los contagios se situaba en el agua de unas máquinas asfaltadoras. Por primera vez en diez años, se descartaban los equipos de refrigeración como origen.
En la versión oficial de esta nueva oleada epidémica, se señalaba que las máquinas habían usado agua de fuera de Alcoy sin ningún tipo de control. Las autoridades sanitarias insistían en señalar que la red de la ciudad está en perfectas condiciones.
Estas explicaciones han sido puestas en duda por los partidos de la oposición, que nuevamente han apuntado hacia la red de aguas potables. Recuerdan que en el mes de junio, tras más de tres años sin brotes, Sanidad aprobó la reducción del nivel de cloro en el agua e indican que podría haberse producido una grave falta de previsión. Esas denuncias son rotundamente desmentidas desde el Ayuntamiento, que sorprendentemente señala que la reducción del cloro no llegó a aplicarse. Mientras tanto, en la calle crece la sensación de inseguridad y el sentimiento de que la legionela es un problema endémico, ante el cual se muestran incapaces las diferentes administraciones implicadas.