M. VILAPLANA
Cocentaina concluyó ayer tres jornadas de intensa actividad, en las que los Moros y Cristianos han sido los grandes protagonistas de unas Fiestas que, como es habitual, han vuelto a brillar con luz propia. Tras la espectacular Entrada del pasado sábado y las actividades religiosas en honor a San Hipólito del pasado domingo, ayer le correspondió el turno a las batallas de arcabucería entre ambos bandos.
El programa se inició a las siete y media de la mañana con las tradicionales guerrillas, si bien fue a partir de las once cuando se alcanzó la máxima intensidad. La Estafeta y la posterior Embajada Mora dieron paso al simulacro de incendio del castillo, un acto que, por su espectacularidad y colorido, cada año gana mayor número de adeptos.
Los intentos infructuosos de las huestes de la media luna por lograr la rendición de la plaza a través del diálogo dieron paso entonces a una espectacular batalla de arcabucería, en la que el estruendo de los arcabuces invadió hasta el último rincón de las calles contestanas.
El breve intervalo del mediodía, protagonizado en este caso por la simpática "Embaixada de les Tomaques", dio paso por la tarde a la Estafeta y la Embajada Cristiana. En este caso fueron los defensores de la cruz los que no consiguiron la devolución del castillo a través de las armas dialécticas, por los que se inició una nueva batalla en la que los arcabuces volvieron a acaparar el protagonismo.
Los festeros dispararon más de 1.000 kilos de pólvora en los enfrentamientos entre ambos bandos, lo que ofrece una idea de la intensidad decibélica que presidió la mayor parte de la jornada.
La misa de acción de gracias en el Santuario de la Virgen del Milagro y el Traslado de la imagen de San Hipólito a la iglesia del Salvador por parte de los cargos festeros y el conjunto de las filaes pusieron el punto y final a un espectacular día y, con ello, a las Fiestas Moros y Cristianos de este año, que han brillado a un altísimo nivel en todos los sentidos.