A. TERUEL
Un proceso de investigación está en marcha para determinar si los síntomas de autismo que sufre un niño de Ibi de tres años pueden deberse a una posible intoxicación con algunas de las vacunas que le han sido administradas desde que nació. El pequeño tiene 12 veces más mercurio de lo habitual en sus tejidos, algo que el padre, Manuel García, relaciona con la presencia de una mínima cantidad de este metal pesado en las vacunas que recibió contra la hepatitis B, la haemophilius influenzae tipo B, la poliomielitis y la DTP, por un componente.
El caso, difundido ayer tras la mediación de la Asociación de Discapacitados y Enfermedades Raras de Ibi (Adibi), comenzó cuando el pequeño tenía 18 meses, después de que perdiera toda el habla que había adquirido hasta ese momento. Manuel García explica que varios pediatras no supieron encontrar un motivo a estos síntomas, ni tampoco diversos especialistas, hasta que, ante la falta de respuestas, optó por contactar con la Asociación para Vencer el Autismo (AVA), que le remitió a un centro especializado de Palma de Mallorca.
Una visita de los doctores a Valencia permitió, hace apenas dos meses, que el niño fuera explorado y que se le realizaran diversas analíticas. Los resultados arrojaron que la orina del pequeño tenía 320 veces más arsénico de lo normal. Además, la presencia de aluminio en el organismo casi rozaba los índices máximos de salud, y los minerales habituales en el cuerpo humano mostraban niveles totalmente descompensados, algo que se interpretaba como una respuesta orgánica contra el mercurio y el aluminio.
El pediatra especializado que examinó el caso, Marcos Mazzuka, habló al padre de la posible "causa externa" relacionada con el mercurio en algunas vacunas. Ante esto, Manuel García solicitó a la Conselleria de Sanidad, a las administraciones de Salud Pública de Alicante y Alcoy y al centro de salud de Ibi información sobre los lotes de las vacunas puestas a su hijo y la composición exacta de todas ellas. Sin embargo, al mismo tiempo decidió preguntarlo directamente a los propios laboratorios fabricantes. A fecha de ayer, dos de ellos le habían admitido la presencia de mínimas cantidades de tiomersal (mercurio), inferior a los 40 nanogramos en ambos casos.
Habitualmente, el organismo elimina los metales tóxicos, pero, según explica el doctor Mazzuka, hay personas que no lo desarrollan de forma óptima, y es aquí donde surge el problema. Hoy por hoy, señala, "no hay un test que permita saber desde un primer momento" esta deficiencia.
Por el momento, el pequeño ibense ya ha sido puesto en tratamiento y presenta ya unas mejoras evidentes, según su padre, dado que responde a pequeños estímulos. Manuel García insiste en que "se ha demostrado que mi hijo está envenenado y nadie ha demostrado que sea autista de nacimiento".
El caso de Ibi está en trámite de ser incluido en una demanda que otros más de 70 afectados de toda España ya tienen interpuesta ante la Audiencia Nacional. El letrado encargado Felipe Holgado, indicó ayer que se ha pedido una declaración de responsabilidad patrimonial al Ministerio de Sanidad, por haber "permitido la utilización de vacunas con demasiado componente mercurial". La administración sanitaria ha actuado al respecto y ya en el año 2000 pidió a los laboratorios que fueran apartando esos lotes, aunque se tiene constancia de que algunos se siguieron poniendo hasta 2006.