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HEMEROTECA » |
A. TERUEL El de ayer es un día especial en el calendario, en el que se permite alguna que otra licencia humorística. Aunque en Ibi, ese permiso alcanza su máxima expresión, con la fiesta de Els Enfarinats. Una tradición secular, recuperada en 1980 tras un paréntesis de dos décadas, en la que el poder cambia por un día y el absurdo se convierte en la legislación vigente. Cualquier excusa es válida para que un transeúnte o comerciante se vea obligado a pagar una multa si no quiere ser llevado a prisión. Eso sí, todo es por una causa tan buena como recaudar fondos para el asilo de ancianos del municipio.
Pero antes de salir a imponer su "Justícia Nova", los Enfarinats han de librar su particular batalla con el grupo de l'Oposició. Un combate cuyos ingredientes son la harina -cómo no-, los huevos y los "cohetes borrachos", y que tiene lugar en la Plaça de l'Església. Desde que su balconada superior se habilitó como "zona neutral", este acto ha ido ganando en público año tras año, pero ayer podía resultar especialmente difícil ver lo que ocurría, dado que la coincidencia del día 28 con un domingo atrajo a más personas. Muchos vecinos de Ibi, deseosos de seguir esta guerra pese a saberse de memoria el guión, y también muchos visitantes atraídos por la repercusión que esta fiesta tiene gracias a la televisión.
La presencia de las cámaras, entre ellas la de Informacióntv, fueron un gran aliciente para los participantes en la batalla, que no dudaron en hacer blanco de sus proyectiles -nunca mejor dicho- en los reporteros. También fue una presa fácil una joven que era patente que acudía por primera vez y que, inocente como este día, se coló en medio de la guerra harinera. No tardó en ser atrapada con el "aixavegó" -red de uso agrícola- y arrastrada hasta la jaula que hacía de cárcel, donde acabó embadurnada en un instante. Pero como todo en este día, no era más que una broma. Más tarde, pudo verse a esta misma joven ayudada por los Enfarinats a disparar algunas de las carretillas que salían en todas direcciones y que, al final, dejaron una curiosa imagen de devastación en toda la plaza.
Hace unos pocos años, la modernidad llegó a la fiesta en forma de extintores que lanzaban harina. Ayer, además, se incorporaron otros que disparaban ráfagas de huevo crudo y una pasta a medio camino entre el barro y el chocolate, de aspecto casi escatológico, junto a botes de humo de varios colores que aumentaban la confusión. Esto, junto con un uso más racionado de la pólvora, hizo que la expectación no cesara un minuto a lo largo de toda la batalla.
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