La reacción de la patronal textil ante la decisión del COE resulta explicable, si se tiene en cuenta que la competencia china se ha convertido en la gran pesadilla para un sector industrial, que desde hace cincos años vive un continuado proceso de crisis y de recesión. Esta situación se agravó especialmente a partir de 2005, año en el que se produjo la apertura total de los mercados internacionales. A partir de ese momento, la entrada de productos chinos ha sido imparable y los efectos han sido demoledores. El año pasado el gigante asiático vendió en España productos textiles por valor de 2.500 millones de euros, convirtiéndose en el primer proveedor del mercado nacional y copando casi el 25% del total de las importaciones. La imposibilidad de la industria española para competir con estos artículos más baratos, se ha traducido en una caída del empleo. En los últimos tres años, el textil nacional ha perdido una media de 20.000 puestos de trabajo anuales. La Administración ha intentado luchar contra este fenómeno a través de diferentes planes de ayuda oficial a empresas y a trabajadores.