J.LL.
L
a experiencia de "Cruïlla de cors", promovida por las capitanías de los Alcodianos y los Mudéjares, terminó ayer ante las puertas del Castillo de Fiestas, con un simbólico abrazo entre los protagonistas de este singular montaje, que encarnaban a dos hermanos gemelos -uno moro y otro cristiano- que se reencontraban ya ancianos, tras pasar todas sus vidas separados. El acto contó con la presencia de los capitanes y de los miembros de las dos filaes implicadas en este singular proyecto.
El final de este montaje se escenificaba en torno a las ocho de la tarde, recién apagados los ecos de la batalla y con la bandera de la cruz ondeando en el Castillo. Una actriz leía el final de esta historia, en una plaza expectante. Posteriormente, se realizaba el simbólico abrazo entre los dos protagonistas de esta historia. Componentes de sus filaes les acompañaban en esta sencilla ceremonia, produciéndose un abrazo colectivo, que provocaba los aplausos del público.
Iniciativa inédita
Las dos capitanías de la Fiesta de Alcoy habían puesto en marcha este año una iniciativa de colaboración totalmente insólita. Bajo el nombre de "Cruïlla de cors", se planteaba una programación conjunta de actividades culturales y lúdicas que tenía como eje central la convivencia entre dos civilizaciones: la cristiana y la musulmana. Se trataba de un acto sin precedentes en el mundo festero.
En el eje de este montaje un relato sobre la historia de dos hermanos gemelos -Sigfrid y Yazid- separados desde niños. Uno de ellos vivió en el reino cristiano de Aragón y el otro en las tierras musulmanas de Granada. La historia de sus vidas formaba parte de los boatos que lucieron ambas capitanías en el día de la Entradas. Formando parte del desfile estaban las representaciones de Sigrid y Yazid ya adultos. Por primera vez, dos boatos entrelazaban sus hilos argumentales, sentando unas bases innovadoras que pueden dar sus frutos en el futuro.
Hay que señalar, que el horario del acto generó problemas, ya que coincidió con el paso de otros cargos festeros que se dirigían al inicio de la procesión del acompañamiento. En algunos momentos, el relato se vio tapado por las músicas que pasaban por la plaza. También complicaron la celebración las tareas de baldeo, que se estaban haciendo para retirar la pólvora del Alardo que acababa de terminar.
Lo único cierto es que la experiencia acaba con un saldo positivo y abre una nueva vía para que las Fiestas salgan a la calle y generen una programación paralela, que enriquece la oferta cultural de la ciudad.