J.LL.A.
i durante la mañana se habían podido ver algunas sillas vacías, llegada la tarde, el desfile del bando moro discurrió por un recorrido totalmente lleno. Apenas dos horas después de finalizar la Entrada Cristiana, el boato de la Capitanía de los Mudéjares arrancaba desde el Partidor. Un sol brillante y una calurosa tarde abrileña acompañaban al cortejo, abierto por la escuadra oficial de la filà, que recorría las calles a los sones del Moro del Sinc. Empezaban los sones orientales de la marcha mora, que durante más de cinco horas se iban a adueñar del corazón de Alcoy.
Bajo el lema "Crüilla de Cors", argumento compartido con la Capitanía cristiana de los Alcodianos, el boato de los Mudéjares recogía la vida del personaje Yazid, un musulmán de Granada, y reflejaba sus viajes y sus peripecias vitales, hasta llegar a la edad adulta. Era un séquito compacto y espectacular, que discurrió ante los espectadores durante una hora. La variedad de elementos acentuaba el impacto de este conjunto, en el que se combinaban ballets, grupos de música y acompañamientos. La fluidez era otra de las notas destacadas, ya que esta comitiva concentraba toda su oferta visual y sonora, sin apenas dejar lugar para los tiempos muertos. Todos los elementos se iban sucediendo con intensa rapidez, sorprendiendo continuamente al espectador.
Precedido por sus caballeros y sus favoritas, el capitán moro recorrió las calles de Alcoy sobre una gran carroza, tirada por seis camellos. Enrique Romá Llorca lucía un traje clásico y elegante, en el que destacaba un magnífico turbante. Su paso por el trayecto de la Entrada era recibido con los aplausos unánimes de todos los espectadores y con un masivo lanzamiento de confeti. El líder de las tropas moras estaba perfectamente arropado por músicas y danzarinas. Su carroza era el centro de un gran despligue visual, con el que se lograba generar la expectación deseada.
El cortejo de los Mudéjares lo cerraba una magnifica y original escuadra especial, en tonos negros y rojos, en la que destacaba un gran tocado. El diseño, con claras resonancias africanas, rompía los moldes tradicionales y el público supo agradecer esta capacidad para la innovación.
A la hora del balance de la Capitanía mora, hay que referirse al importante papel jugado por los acompañamientos musicales. Siete formaciones distintas, entre bandas y grupos de percusión formaban parte de este espectáculo inolvidable.
Tras el impacto de la Capitanía, el desfile moro recuperaba la normalidad. La tarde de Alcoy se llenaba de sonido de timbales y de ritmos morunos. Las filaes iban haciendo su recorrido, en perfecto orden y sin apenas cortes. El público, que llenaba balcones y sillas, se relajaba y caía en ese estado tan especial de las tardes del 22 de abril. La música y la climatología acompañaban para poder disfrutar de un desfile que combina luz y música en un perfecto e inigualable conjunto.
El acto volvía a vivir otro momento importante con la llegada de la Filà del Mig, cargo que este año ostentaban los Miqueros. El diseño de Jordi Sellés para la escuadra especial ofrecía un conjunto, en el que destacaba un tocado con plumas muy imaginativo. Tonos oscuros y cuero completaban esta vestimenta. Como en las escuadras anteriores, vistas en el día de ayer, hay que referirse a la ausencia de metales, circunstancia que no restó nada de brillantez a este conjunto. La Entrada de la tarde cruzaba su ecuador entre los aplausos del público, que agradecía el esfuerzo realizado por la filà para sorprender y añadir colorido al desfile.
A ritmo pausado, las siete filaes moras restantes fueron recorriendo el trayecto oficial, mientras la tarde iba cayendo sobre la ciudad. El calor daba paso a un vientecillo primaveral, mientras las marchas moras seguían sonando poderosas y llenas de cadencia. La Entrada Mora terminaría ya de noche, con las luces de la enramada encendidas y con las últimas filaes desfilando bajo esa iluminación tan especial y diferente.
La ciudad estaba a punto de cerrar una jornada agotadora. El gran banquete visual de las Entradas no dejó a nadie indiferentes. Como manda la tradición, el bando moro se encargó de poner la parte más espectacular e imaginativa del día. Otra nota dominante y ya tradicional en este acto, es la alta presencia femenina, tanto a través de coreografías, como de séquitos y festeras.
Hay que señalar, finalmente, que al contrario que en año anteriores, el desfile de las huestes moras se ajustó bastante a los horarios previstos por la Asociación de San Jorge. Sin lugar a dudas, a esta fluidez contribuyó la buena marcha del boato del capitán, que cumplió las previsiones con puntualidad británica. Esta disciciplina se fue relajando al final.
Impactante Alferecía de los Abencerrajes
Ver a los Abencerrajes bajar por la calle San Nicolás, a los sones de "L'Entrà del Moros" sigue siendo uno de los momentos culminantes del 22 de abril alcoyano. Ayer, se repitió la ceremonia, pero la escuadra oficial de la filà era sólo el anticipo de una Alferecía Mora que resultó impactante y en la que no faltó de nada: músicas, coreografías y diseños innovadores. De noche cerrada y con el público aún en sus asientos, los Abencerrajes volvieron a cautivar. El alférez, José Vicente Juan Pérez, hizo su recorrido sobre una carroza, vistiendo un traje que conectaba con la tradición de esta formación festera. La escuadra especial, rompedora y arriesgada, iba precedida por unacabo batidor a lomos de un dromedario. Fue en fin, un brillantísimo final para una tarde llena de momentos irrepetibles. Los Abencerrajes no decepcionaron a su público incondicional.