El boato del alférez de los Aragoneses se convirtió en un homenaje a Aragón y su simbología. Uno de los momentos más espectaculares de toda la Entrada lo constituyó la aparición de los tambores de la Cofradía Jesus Nazareno de Calanda. El estruendo de los parches del municipio turolense estremeció los cimientos de las casas y enardeció a un público entregado.
Las referencias a la señera aragonesa fueron una constante en el boato diseñado por Santiago Amador, Ignaci Carbonell y Moisés Llópis, y alcanzaron su punto culminante con el alférez, Marcos Javier Pérez. Escoltado por sus caballeros, lució un traje ocre y capa verde, además de un casco rematado por un dragón. La agresiva escuadra especial diseñada por David Blasco fue un brillante colofón a la Entrada de los defensores de la cruz.