M. VICEDO
A pocas horas de dirigir el Himno, Consuelo Colomer se mostraba muy emocionada. En un encuentro con periodistas manifestó cómo se sentía antes del acto, a lo que subrayó que "yo sólo confío que la música nos arrope", y siguió diciendo que "no encuentro palabras para decir lo que estoy sintiendo".
La expresión de su cara, con una gran sonrisa y con los ojos brillantes, mostraban la felicidad de Consuelo de volver "a mi casa", como decía ella, "y vivir un acto tan emotivo como es el Himno".
Para pasar las horas previas, Consuelo se rodeó de su gente para dialogar con ellos y compartir la ilusión que le embriagaba por ser la encargada de dirigir el canto del Himno. A la vez, dio un paseo por el centro de la ciudad que le traía muchos recuerdos. "Al pasar por la calle de l'Escola he recordado cuando vivía allí, en el número 6, y que una vez tuvimos que cortar parte del balcón para que pudiese entrar el piano de cola a mi casa".
A las seis y media de la tarde, Consuelo ya estaba preparada para protagonizar la Fiesta del Pasodoble. A esa hora, visitó la residencia de la Tercera Edad Pintor Sala para sumarse al homenaje que la Primitiva le rindió a Copérnico Pérez. Allí tuvo la oportunidad de realizar un pequeño ensayo de la interpretación de la partitura del maestro Barrachina, con los músicos de dicha entidad musical. Posteriormente, la directora del Himno desfiló por el Pais Valencià hasta llegar a la plaza de España, al compás del pasodoble "Un moble més".
Con una emoción muy grande subió al cajón, levantó la batuta y con gran decisión arrancó a dirigir el Himno de Fiestas. Miles de personas entonaron el "Cridant-nos està".