¿Acaso no es tan grave querer modificar una partitura de Chapí -y finalmente censurar la obra- como destrozar las esculturas de Ripollés? Peor, lo primero lo hace un organismo público.
Después de mucho analizarlo he llegado a la conclusión de que lo único que desean los adoradores del trash, el hardcore y el metal es que les dejen en paz. Quieren resistir. Resistir y sobrevivir. Y lo han conseguido.
La crisis, entre otros efectos, ha provocado que haya pocas disidencias entre los expertos a la hora de señalar cómo avanzar hacia el futuro. Se puede resumir en una palabra: conocimiento.
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